Si estás leyendo este artículo es posible que te sientas agobiada. O quizá se trata de un ser querido, alguien que sabes que no lo está pasando bien. En cualquier caso, la mayoría de las personas aún siguen esperando a llegar al límite para pedir ayuda. En este artículo te voy a contar las claves de cómo gestionar el agobio. Concretamente, los 3 errores que la mayoría de la gente comete cuando se agobia.

Para empezar, te planteo algunas preguntas: ¿Sabías que el agobio es una manifestación del miedo? ¿Y que el miedo es una emoción que no tiene por qué ser un problema? ¿Por qué acudimos a un docente para aprender matemáticas? ¿Acudimos al médico cuando no nos encontramos bien? ¿Por qué no recurrimos a un profesional experto en educación emocional para aprender cómo gestionar el agobio?

 

Identifica tus emociones

El primer paso para aprender cómo gestionar el agobio es la identificación emocional. Y el primer paso es fijarnos en algo muy básico: la reacción. Si ante un problema o circunstancia lo que hacemos es intentar evitarlo o huir de él… Estamos sintiendo miedo. Incluso cuando usamos las palabras agobio, ansiedad, fobia, angustia o pánico.

El miedo es una emoción funcional, adaptativa y necesaria para la supervivencia. Nos alerta, activa y moviliza psicológicamente. También fisiológicamente. Siempre ante un peligro que amenace nuestra integridad física o moral. El miedo, por tanto, es una emoción normativa que forma parte integral del desarrollo humano, una emoción básica y universal. Cómo gestionar el agobio depende en gran medida de cómo hayamos aprendido a identificarlo.

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Para empezar, es importante saber que el miedo aparece ante dos circunstancias. Por un lado, el miedo es la angustia que experimentamos ante un riesgo, o daño, real o imaginario. Por otro lado, el miedo es el recelo o la aprensión de que pase algo que no queremos que ocurra. Sentimos miedo ante, por ejemplo:

  • La posibilidad de suspender un examen.
  • La posibilidad de no superar una entrevista de trabajo.
  • La posibilidad de perder a un ser querido.
  • La posibilidad de hacer el ridículo al hablar en público.
  • La posibilidad de enfermar.
  • La posibilidad de no superar un problema.
  • La posibilidad de que alguien nos haga daño.

Ante esas situaciones reaccionamos con ganas de huir o evitar la situación. La clave está en: ¿huir o evitar la situación nos ayuda a estar mejor? ¿O nos estanca? El problema vendría cuando la respuesta es: nos estanca.

 

Identifica tu conducta

El segundo pilar para aprender cómo gestionar el agobio es la identificación conductual. Como te comentaba, el miedo va ligado a una reacción. En este caso, la conducta asociada es de huída, que puede verse desde la perspectiva del escape o de la evitación.

Para entendernos mejor en relación a la conducta de evitación, te pongo dos ejemplos. Imaginemos que tenemos miedo al fracaso. Una conducta de evitación sería no empezar algo que podía ser bueno para nosotras. Si tenemos miedo a hablar en público, evitaríamos actividades relacionadas con ello. Y así sucesivamente.

¿Y qué hay de la conducta de escape? En el primer ejemplo, abandonaríamos el proyecto antes de terminarlo. En el segundo, nos bloquearíamos y nos quedaríamos a mitad de la ponencia. También podrían aparecer reacciones de huida como el aislamiento, la agresividad… O cualquier otra forma desadaptativa de gestionar el miedo.

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Lo que hacemos repercute en nuestras relaciones y en nuestra vida. Por tanto, no saber cómo gestionar el agobio puede convertirse en un problema. Especialmente si las competencias emocionales que poseemos no tienen la suficiente fuerza para dominar dicha emoción. Cuando el miedo toma el control, nos vamos desgastando emocionalmente.  

Las consecuencias de no saber cómo gestionar el agobio pueden ser también fisiológicas. De hecho, incluso podría derivar en un trastorno de ansiedad generalizada.

 

Cuida tu lenguaje emocional

Si queremos resolver un problema de matemáticas, debemos identificar y entender el lenguaje matemático. Si no sabemos qué es una suma, o que 7 es mayor que 3, no podremos afrontar el reto que se nos plantee. Con nuestras emociones ocurre algo parecido. Cuando sucede algo, o tememos que suceda algo, que nos estresa emocionalmente, ¿qué hacemos? Normalmente, seguir, sin más. Adaptarnos o huir. Y no necesariamente porque sepamos cómo gestionar el agobio.

Aprender cómo gestionar el agobio es como aprender matemáticas. Necesitamos que alguien nos enseñe. Y al igual que en matemáticas es importante identificar los números… Para gestionar nuestras emociones es importante el lenguaje que utilizamos. A veces camuflamos el miedo con palabras que nos quitan control sobre la situación. De hecho, solemos hablar mucho de ansiedad y podemos confundirlo con el trastorno de ansiedad. La ansiedad, como emoción, es un miedo anticipatorio. Sin embargo, como trastorno, es mucho más complejo…

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El trastorno de ansiedad generalizada consiste, según el DSM V, en una preocupación excesiva. Dura, al menos, seis meses y está relacionada con diversos ámbitos como el laboral y familiar. Quien sufre un trastorno de ansiedad es incapaz de controlar la preocupación y de llevar una vida funcional. La persona siente un malestar clínicamente significativo que afecta a su vida. Que le afecta en el ámbito social, laboral y otras áreas importantes del funcionamiento.

Necesitar educación emocional no es lo mismo que necesitar psicoterapia. Y asumir que se tiene ansiedad cuando solo se siente miedo… Puede menguar nuestra capacidad competencial para afrontar las amenazas reales o imaginarias. O hacernos errar en el afrontamiento del problema. Puede hacernos creer que no podemos solucionar el problema. Incluso evitar que busquemos ayuda antes de llegar al límite.

 

El papel de la mediación cognitiva

Hemos hablado de aspectos importantes sobre cómo gestionar el agobio. Identificación emocional, identificación conductual, lenguaje emocional y, ahora, mediación cognitiva. Y es que importa lo que ocurre, pero también dónde y cómo ocurre.

Los contextos son considerados estímulos ambientales y pueden producir respuestas emocionales también. Y depende del significado que la persona le otorgue a los elementos de dicho contexto. Un hospital, por ejemplo, puede generar emociones distintas en personas diferentes. En algunas, miedo, en otras, tristeza… Y la conducta asociada, por tanto, será también diversa.

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Esta diversidad de respuestas fisiológicas y conductuales se debe a la mediación cognitiva. Es decir, al proceso mediante el cual interpretamos los estímulos que nos rodean. Por ejemplo:

  • Yo puedo interpretar que una paloma es un estímulo aversivo que me produce rechazo.
  • Puedo interpretar que una paloma es un elemento agradable al que quiero acercarme.
  • O puedo interpretar que una paloma es un elemento peligroso y sentir miedo.

Como ves, depende de cómo interpretamos ese estímulo. Y esta interpretación no es, necesariamente, consciente ni racional.

Es importante identificar si lo que nos da miedo es algo real, un recuerdo o algo que estamos imaginando. También nuestra interpretación de ese estímulo es importante.

Cómo gestionar el agobio: las preguntas clave

El miedo es una emoción necesaria y universal. Está ligada a una reacción. Esta reacción está mediada por la interpretación que hacemos de aquello que nos ha asustado. Y esa interpretación depende de nuestra historia de vida, de nuestra personalidad… Y de otros factores que debemos tener en cuenta para aprender cómo gestionar el agobio.

Si queremos superar nuestros problemas y mejorar nuestro bienestar, es indispensable aprender cómo gestionar el agobio, el miedo.

Te devuelvo las preguntas del inicio:

  • ¿Sabías que el agobio es una manifestación del miedo?
  • ¿Sabías que el miedo es una emoción que no tiene por qué ser un problema?
  • ¿Por qué acudimos a un docente para aprender matemáticas?
  • ¿Por qué acudimos al médico cuando no nos encontramos bien?
  • ¿Por qué no recurrimos a un profesional experto en educación emocional para aprender cómo gestionar el agobio?

Te leo en los comentarios y nos seguimos acompañando.

 

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