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Cuida tus emociones, cuida de ti

Cómo pedir perdón desde el respeto y la sinceridad: 5 claves

Pedir perdón suena muy fácil. Sin embargo, es probable que tengas en tu memoria la disculpa de alguien que no sentiste como una disculpa. O que tú mismo/a hayas omitido o expresado un perdón sin sentirlo realmente, ya sea por evitación, vergüenza u orgullo. ¿Te sientes identificado o identificada?

Esto ocurre porque el perdón no se expresó y llevó a cabo de forma respetuosa y sincera, sino a medias o en forma de no-disculpa. El problema es que las medias-disculpas y las no-disculpas generan un daño adicional.

Ahora mismo te estarás preguntando algo así: pero, María, ¿qué son las medias disculpas o las no disculpas?

Pues bien, una forma de detectarlas es a través del lenguaje mismo con el que las expresamos:

  • “Lo siento si te ha molestado”
  • “Te lo estás tomando como personal”
  • “Estás exagerando”
  • “Eres demasiado sensible”
  • “Lo hice porque…”
  • “Todos nos equivocamos”
  • “Es una tontería”
  • “No es para tanto”
  • “Soy así”
  • “A veces fallo”
  • “No fui el único que…”
  • “Pero es que tú…”
  • “Es que “x” me dijo que…”

Si has utilizado o te han dicho alguna de estas frases al pedir perdón, quizá te hayas dado cuenta de que estas frases no ayudan a reparar o aliviar el daño infringido, lo agudizan. No conllevan una disculpa, sino más bien una excusa, justificación o frase comodín para salir del paso.

Pedir perdón no es tan fácil

Los motivos por los que las usamos pueden ser muchos. Quizá nos sentimos atacados/as cuando esa persona nos expresó su dolor y nos salió ponernos a la defensiva, tal vez nos cuesta aceptar que a veces lastimamos a otras personas aunque sea sin querer. O puede que el hecho de afrontar que nos equivocamos nos genere un conflicto interno que no sabemos cómo digerir.

De hecho, para quien ofrece una no-disculpa no pasa nada más, pero la otra persona va acumulando ese peso emocional. Y, como todo, lo que se acumula llega un momento que desborda. A veces son cuestiones como estas las que favorecen que una relación no funcione, se rompa del todo o incluso de mala manera.

Por ello, como parte del bienestar social, voy a compartir contigo 5 pautas para pedir perdón de un modo respetuoso y honesto. Eso te ayudará a vivir con mayor honestidad tus errores y a poner límites saludables respecto a quienes no tengan esa honestidad y respeto contigo. ¿Vamos a ello?

1. Ponte en el lugar de la otra persona

Escucha de corazón, de verdad, consciente y activamente a la otra persona. No elabores una respuesta mientras lees o escuchas cómo se siente por algo que has dicho o hecho. Escucha sin más, para comprender, para ponerte en su lugar y empatizar, no para responder.

Si alguien te expresa “me siento dolida porque no entiendo que me digas A y hayas hecho B”, no te está juzgando, se está sincerando. Está compartiendo contigo sus sentimientos porque confía en ti y le importa lo suficiente la relación como para comunicar cómo le ha impactado algo que has dicho o hecho. Y está concretando, además, aquello que le ha generado daño.

No significa que seas tú el problema, no se trata de un ataque personal. Es la expresión de las emociones de otra persona, y de que algo que has dicho o hecho ha tenido un impacto en alguien más. Esa persona ha puesto sobre la mesa algo importante para ella, no necesariamente para ti, pero que requiere ser resuelto, o aclarado, por la salud de la relación.

Por tanto, si te tensas, reaccionas o te excusas, realmente estás respondiendo sin escuchar a la persona que tienes delante o al otro lado de la pantalla. Si la relación te importa, el primer paso es escuchar sin más, para empatizar.

2. Asume tu responsabilidad

Partimos de la base de que no querías hacerle daño a esa persona. Siendo así, no parece tener mucho sentido hacer referencia a cómo ha reaccionado ella emocionalmente a nuestra acción u omisión. Lo coherente es centrarnos en la propia conducta, en lo que has hecho o dicho, que ha impactado, y no querías hacer realmente. Por ejemplo:

  • “Siento no haberte tenido en cuenta”
  • “Siento haberte engañado”
  • “Siento no haber sido honesto/claro contigo desde el principio”
  • “Siento haber dicho que eres demasiado sensible”
  • “Siento haberte dicho que quería algo cuando en realidad no era así”

Un gesto tan pequeño como estas frases que he escrito a modo de ejemplo pueden hacer que la otra persona sienta que te importa y que no querías hacerle daño. Porque suena muy diferente ese “siento haber hecho esto”, que “es que te lo estás tomando como personal”, ¿verdad?

Asumir la propia responsabilidad implica no pasársela a otras personas, tampoco a la propia persona afectada por nuestra acción u omisión. Cargar la responsabilidad en ella o en su reacción es un comportamiento evasivo que no contribuye a aclarar o solucionar la situación, sino más bien lo contrario.

Este punto consiste, en resumen, en situar el perdón en el potencial del daño de tus actos. Si hemos hecho daño a alguien, aunque sea sin querer, reconocerlo implica expresarlo abiertamente y de forma concreta, explícita, clara. Haber hecho «x» ha hecho daño a esa persona; sabiéndolo, ¿sientes haber hecho «x»? En ese caso, exprésalo sin más.

3. Evita las excusas

Esto incluye las vaguedades, evasiones o generalizaciones, así como explicaciones o justificaciones que contribuyen a eludir la propia responsabilidad. También incluimos aquí cuando transferimos la responsabilidad a la otra persona. Para que nos entendamos, esos:

  • “Es que tú…”
  • “No fui el único que…”
  • “Cualquiera habría hecho lo mismo…”
  • “Tienes que entenderme…”
  • “Es que estás exagerando…”
  • “Es que tal persona dijo que…”
  • “Te lo tomas todo a la tremenda…”

Todas estas expresiones son una forma de no hacerte cargo de la parte que te corresponde. Al contrario, la idea transmitida es que lo que ha ocurrido no es tan importante. Sin embargo, aunque para ti no sea relevante, para la otra persona sí lo es.

Negar, desatender y no respetar esa realidad no va a solucionar nada. Quizá evites el conflicto en el momento, pero mantendrá el problema y el malestar y volverá a dar la cara más adelante… Y no es el escenario más agradable y sano para ninguna de las partes implicadas.

4. Respeta a la persona

Si alguien te ha expresado que algo que has dicho o hecho le daña, girar la situación para hablar de ti no es una forma respetuosa o saludable de gestionar la situación. En este momento, el objeto de la conversación es el daño que siente la otra persona por algo que hemos dicho o hecho nosotros/as.

Por tanto, es mejor evitar hablar de nosotros/as, ya sea en clave positiva:

  • “Yo soy así y quien me aprecie lo aceptará”
  • “Tengo mis necesidades y es injusto que digas…”
  • “Me agotas / me agota hablar de esto”
  • “Es que tienes que entenderme, yo también…”

O negativa:

  • “Soy un desastre, no hago nada bien…”
  • “No sé por qué hago estas cosas”
  • “Es que no merezco que…”
  • “Es que siempre hago igual”

Caer en estas reacciones implica apartar la atención de la persona que, por iniciativa, te está confesando algo que le duele. Si algo te hace sentir dolido, puedes expresarlo también, pero no para contrarrestar o responder a su expresión emocional. No es el momento, el espacio ni el lugar.

Respetemos que no se trata siempre de nosotros/as y aceptemos que a veces hacemos daño sin darnos cuenta. Y que en ese caso, el foco de la conversación no podemos ser nosotros/as.

5. Haz la pregunta correcta

A veces, por agobio, indiferencia u orgullo se puede caer en un “¿podemos olvidarlo?”. Esta pregunta resta valor e importancia a lo sucedido. En cambio, quien está expresando que duele es la otra persona porque para ella es relevante.

Teniendo esto en cuenta, si realmente queremos reparar el daño o arreglar las cosas, la pregunta debe ir por otro camino:

  • ¿Estoy a tiempo de reparar el daño?
  • ¿Qué puedo hacer para que te sientas mejor?
  • ¿Crees que hay alguna forma de que recuperes la confianza en mí?
  • ¿Hay algo que necesites para poder perdonarme?

Así, estamos cumpliendo todos los pasos anteriores cuando alguien tiene la iniciativa de expresarnos cómo se siente:

  1. Escucha activa
  2. Asumir la propia responsabilidad
  3. Evitar las excusas
  4. Respetar a la persona
  5. Y hacer la pregunta correcta

Todos estos pasos ayudan a mejorar la situación y la relación, afrontándola y no huyendo de ella. Las relaciones no se mantienen solas, requieren cuidado, y el perdón forma parte de ese cuidado. Saber pedirlo desde el respeto y la honestidad hará más probable que esa persona se siente reconfortada, reparada y que la relación se fortalezca.

Aquí no me refiero a grandes traiciones, sino a los conflictos y errores cotidianos que pueden surgir en cualquier relación. No obstante, las claves siguen siendo útiles también para esos casos. Añadiría un sexto punto: aceptar la decisión que esa persona decida tomar tras nuestro agravio, sabiendo que lo hicimos lo mejor que supimos.

Y ahora…

Te invito a reflexionar

Cuéntame en los comentarios, ¿has caído en alguno de los errores que menciono al pedir perdón? Si es así, ¿te ha funcionado alguna vez?

¿Has sentido que alguien no entendía lo que expresabas al no saber disculparse correctamente? ¿Qué ocurrió finalmente?

Comparte conmigo tu experiencia en los comentarios. ¡Te leo!

¿Cómo estás?

Soy María

Doctora en psicología y pedagoga terapeuta (col. nº1433 en COPYPCV) especializada en gestión emocional y procesos de superación personal. Compagino mi consulta online con la investigación científica en emociones, ansiedad, bullying y sus secuelas.

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