Hay entornos familiares tóxicos. Suena duro, difícil, pero es la realidad.

Entenderemos por tóxico el ambiente en el que el niño o la niña no recibe la atención y los cuidados precisos e nivel físico, social, emocional o intelectual. Si bien asumimos que la mayoría de las familias intentan educar del mejor modo que saben a sus hijos e hijas, no todas lo consiguen. Algunas, de hecho, ni lo intentan.

Esta publicación no trata de buscar culpables. La culpa no construye, destruye, al igual que el rencor. Estas palabras más bien pretenden servir de orientación para hallar nuestra herida emocional familiar. ¿Por qué? Porque no se puede sanar una herida que no se ve. Tampoco si es emocional.

Para hacernos un esbozo, nos basaremos en lo que se conoce, en términos pedagógicos y psicológicos, como estilos parentales educativos.

Si tu familia…

Si tu familia te ponía normas estrictas, recurría a castigos verbales, sociales, emocionales o incluso físicos de manera frecuente, no reconocía tus esfuerzos y logros y jamás admitía un error, has crecido en un entorno familiar autoritario. Bueno, autoritario o maltratante, especialmente si se producía de forma sostenida en el tiempo por nuestro cuidador o cuidadora principal.

Si tu familia estaba casi siempre ausente y debías cuidarte por ti mismo o por ti misma, si no te ponía límites, normas ni nada que te sirviera de guía y aprendizaje, si era indiferente a tu conducta y permisiva en cuanto a lo que te permitían hacer, has convivido con una familia negligente. La negligencia implica abandono de las atenciones y cuidados físicos, sociales, emocionales o intelectuales que todas las personas necesitamos en la infancia y adolescencia.

Si tu familia mostraba abierta y frecuentemente preocupación por ti, pero le costaba establecer límites, hacer valer su autoridad y exigir responsabilidades o un comportamiento adecuado… O si apenas te decía «no» y solía cubrir tus caprichos, estabas en un entorno familiar permisivo. La permisividad nos dificulta la adecuada regulación emocional, así como el establecimiento de relaciones sociales asertivas y saludables.

Por tanto, aunque fuera tu normalidad, esto tuvo consecuencias en ti. Sí, así es. Cada uno de esos entornos familiares tuvo efectos negativos en tu desarrollo cognitivo, social y emocional.

Consecuencias de tener una familia tóxica

Si creciste en un entorno familiar autoritario, es probable que hayas desarrollado una baja autoestima y te cueste ser una persona alegre o espontánea, como si te faltara iniciativa o, incluso, autonomía. También es posible que te cueste relacionarte con otras personas de forma tranquila y agradable, y que intentes hacer lo posible por evitar consecuencias negativas, conflictos o castigos.

Si tuviste una familia negligente es probable que también te cueste mantener relaciones equilibradas y saludables, pero más bien por una inestablidad emocional y falta de autocontrol. Es posible que te cueste llevar a cabo hábitos de autocuidado físico y emocional básicos y estables. También podrías tener inseguridades, baja autoestima y un escaso conocimiento de ti misma o de ti mismo.

Si tu familia fue más bien permisiva, te costará relacionarte, pero porque serás poco constante. Es decir, puedes estar muy alegre pero enseguida pasar al enfado. Es probable que tengas baja motivación y una escasa capacidad de esfuerzo sostenido. Es posible que actúes con impulsividad e inmadurez en algunas ocasiones.

Esto es solo un esbozo que, si tenéis interés, iré desarrollando a lo largo de próximos artículos. No dudes plantear tus inquietudes, dudas o intereses en los comentarios.

Mientras tanto, aquí os dejo un…

Ejercicio emocional

1) ¿Te sientes identificada como hija o hijo de alguno de estos tipos de familia?

2) ¿Sigues teniendo relación con estas personas?

3) ¿Qué aprendizaje emocional negativo es el que te cuesta más desaprender?

4) Comprende que no tienes la culpa. Y que tampoco tienes la responsabilidad de soportar conductas abusivas o tóxicas solo porque sean familia.

5) Toma acción. Si ves que no te hacen bien, sácales de tu vida o, al menos, pon distanciamiento emocional.

Y recuerda: las heridas del pasado nos indican de dónde venimos, pero no nos señalan hacia dónde vamos. Eres más que tu pasado.

Y ahora, ¿qué? Ahora puedes…

Dejarme un comentario, ¡me encantaría leerte!

Porque, aunque a veces lo dudes, tú también eres importante.

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