Hay un proverbio hindú que dice así: «no puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que anide en tu cabellera«.

Lo cierto es que la tristeza es una emoción básica, necesaria y funcional. Nos señala que hemos perdido algo importante y nos invita a buscar consuelo. Nos permite aceptar la pérdida para, después, reorganizar nuestra vida, sobreponernos y seguir adelante.

Es habitual que, si un niño o una niña llora, nos acerquemos a él o a ella para brindarle nuestro apoyo. Muchas personas adultas también lo harían si no escondiéramos nuestras emociones. La tristeza es un «venirse abajo» que tenemos por qué vivir en solitario, aunque sí se trata de un proceso interno y personal.

La tristeza nos envuelve como en una pequeña burbuja, nos evade un poco del mundo externo, de todo lo que no es eso que nos pone tristes. Eso nos permite e invita a realizar un autoexamen, reflexión y análisis sobre qué podemos hacer para mejorar nuestro estado de ánimo algún aspecto de nuestra vida.

Para poder gestionar de forma saludable la tristeza y superar esa pérdida, es importante llevar a cabo ciertas conductas. Te las cuento a continuación.

Paso 1. Busca apoyo

Todas las personas necesitamos apoyo. Eso no nos hace débiles, sino humanas. A veces basta con que alguien nos escuche y comprenda.

¿Sabías que incluso la música, la lectura o las películas pueden hacer esta función de apoyo? Hay estudios que señalan que si nos identificamos con el personaje o la historia, podemos llegar a encontrar el consuelo que necesitamos en dicha obra de arte.

El apoyo también puede venir en forma de consejo. Seguro que tienes un amigo o una amiga que suele acertar con ellos, o que sabe distraerte y animarte. Puede que incluso sepan estar en silencio contigo cuando más lo necesitas.

Paso 2. Autoanalízate

Fíjate en cómo te sientes y por qué. Conocer tus emociones y su origen te ayudará a aceptar las emociones y ser más comprensivo/a contigo mismo/a.

Admite y acepta tu tristeza, e intenta no obsesionarte con ella. Evita quedarte demasiado tiempo en las conductas, palabras, relaciones y pensamientos tristes. No dejes que se apodere de ti, de tu estado de ánimo, de la persona que eres.

Recuerda: la tristeza pasará y te sentirás mejor. Las emociones no son permanentes.

Paso 3. Busca soluciones y alternativas

Ir un paso más allá del problema y pensar en alternativas de soluciones puede ayudarte en muchos sentidos: a lidiar con la incertidumbre, sentirte más fuerte, seguro/a y mejor contigo mismo/a.

Si ya no puedes conseguir lo que querías, no desesperes. Respira. Piensa en qué sí puedes hacer en tus circunstancias y en cómo conseguirlo. Seguro que hay algo distinto que pueda hacerte sentir mejor, o incluso feliz.

¡Elige bien en qué inviertes tu tiempo, dinero y energía! Tú eres importante, tu bienestar también lo es.

Paso 4. No te rindas y sé optimista

Recupérate de las decepciones y los fracasos. Si las cosas no van como esperabas, está bien sentirse triste. Haz una pausa para descansar, felicítate por haberlo intentado y sigue adelante.

Incluso estando triste, tu conducta no tiene por qué ser el aislamiento. Puede ser la búsqueda de consuelo o de nuevas metas. Las emociones no las controlamos, pero sí qué hacemos con ellas.

¿Un consejo? Piensa en un par de cosas buenas sobre ti o sobre la situación, o un par de cosas que hayas podido aprender. ¡Siempre hay algo!

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¿Qué cosas te ha enseñado la tristeza?

A mí, por ejemplo, una de las cosas que me ha enseñado es no irme a la cama enfadada con quien me importa. Y que puedo contar con personas maravillosas que están a mi lado.

¿Y tú? ¿Qué has aprendido de la tristeza?

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