Esa amiga que no me apoyó como me hubiera gustado, esa pareja que no estuvo cuando más la necesitaba, ese trabajo que no era como tanto soñé, ese evento que no disfruté como me imaginé… Todas las personas con el pasar de los años podemos enfrentarnos a situaciones que nos desilusionen. La vida, las situaciones que suceden y las personas con las que interactuamos no siempre cumplen nuestras expectativas. Esto genera desilusión pero, ¿de dónde sale ese sentimiento? ¿Por qué nos sentimos así? Desilusión: ¿qué hacer si me decepcionan?

En el artículo de hoy queremos contarte sobre el poder que tienen nuestras expectativas y qué hacer con nuestro mundo emocional cuando las personas nos sentimos decepcionadas.

El poder de las expectativas en la desilusión y decepción

Cuando hablamos de desilusión nos referimos a ese sentimiento de decepción y desencanto que experimentamos cuando las personas no cumplen con nuestras expectativas. Y es que, ciertamente es natural que todas las personas tengamos expectativas, en nuestras relaciones, en el trabajo, en las actividades que llevamos a cabo, los lugares que visitamos, acontecimientos… Las expectativas pueden estar en todo momento y lugar. 

Es por eso que, la decepción y las expectativas están íntimamente relacionadas una con la otra… Si no tuviéramos expectativas sobre algo sería muy difícil que nos decepcione, ¿verdad? 

Sin embargo, el problema no es tener expectativas, porque es saludable tenerlas, sino poder distinguir qué expectativas nos benefician y cuáles no tanto, cuales son saludables y cuales nos dañan. Como así también la cantidad y el tamaño de ellas, ya que con el tiempo pueden hacerse más grandes y pueden llegar a ser perjudiciales para nuestro bienestar emocional.  

Es por eso que resulta tan importante poder revisar nuestras expectativas ya que, la decepción es una reacción emocional natural, pero su intensidad va a variar según la magnitud de nuestras expectativas, y cuanto más rígidas sean mayor será la frustración y la desilusión que nos genere. Te invitamos, para comenzar a reflexionar a que observes tus expectativas, de las personas que te rodean y las tuyas propias que quisieras alcanzar. Pregúntate…. ¿Que esperas de los demás y nunca llega? o ¿Que esperas de ti y te daña si no lo logras? ¿Por qué lo necesitas, por tu felicidad o porque otra persona te lo pide? 

Te animamos a compartir tus reflexiones en comentarios, al final de este artículo. Puedes parar de leer, de hecho, para hacer el ejercicio de introspección, y luego regresar aquí.

¿Que sentimos cuando nos desilusionan?

La decepción o desilusión viene acompañada de emociones displacenteras como la frustración, la tristeza, el enojo, la rabia o la sensación de ser engañado y desilusionado. Como si la otra persona nos estuviera fallando, cuando tal vez, en realidad no nos está fallando a nosotras sino a las expectativas que nos habíamos formado de ella. Por eso, es crucial reconocer si lo que causa la verdadera decepción es la persona o el evento en sí, o es más bien la expectativa previa que se tenía con respecto a ellos. 

La decepción o desilusión, entonces, puede aparecer cuando nos relacionamos con las demás personas según nuestras expectativas idealizadas. Es decir, cuando nos relacionamos en la medida en cómo quisiéramos que esa persona se comporte o según como creemos que esa persona es. 

Existen algunos signos, o señales, que pueden indicar que estas experimentando una decepción:

1. Dificultad para estar frente a la otra persona

Sostener un encuentro cara a cara, o la mirada de alguien según la persona, representa uno de los gestos más genuinos de sinceridad y afecto, manifestando confianza de manera espontánea durante la comunicación. Esa confianza, cuando se experimenta decepción, se daña y es por eso que resulta más difícil mantenerse frente a la persona que ha causado esa desilusión.

2. Necesidad de marcar distancia

Frente a una desilusión personal, solemos instintivamente construir una barrera protectora. Esto explica por qué a menudo sentimos el impulso de distanciarnos de alguien después de una decepción, ya que esa separación actúa como un mecanismo defensivo frente al dolor interno que esta persona, o las expectativas que teníamos de ella, nos causó.

3. Sentir enojo, ira o tristeza

Las emociones se entrelazan en un nivel profundo cuando nos decepcionamos. Experimentamos la combinación de enojo, tristeza y frustración dirigidos hacia la otra persona. Estas sensaciones desagradables contribuyen a que la decepción sea un estado emocional incómodo, pero al mismo tiempo son totalmente naturales.

¿Qué podemos hacer con esta desilusión?

El primer paso es prestar atención a nuestras expectativas, ya vimos anteriormente el poder que tienen en nuestras relaciones interpersonales y en la relación con nosotras mismas. Por eso debemos comenzar por revisarlas y disminuir aquellas que resulten más irracionales y alejadas de la realidad. Para ello es imprescindible:

  1. Aprender la diferencia entre lo que es controlable y lo que no. Cuando tratamos de controlar lo incontrolable, nos frustramos ante lo que no es como esperábamos. Entonces surge la necesidad de poder aceptar la realidad tal cual es, como así también a las personas con las que nos relacionamos. 
  2. Atender nuestras emociones, como dijimos antes es natural sentir algunas emociones displacenteras, por eso es necesario no invalidarnos y cuidar de nosotras mismas y nuestro mundo emocional.
  3. Tener en cuenta que la vida es aprendizaje, y las decepciones personales por más dolorosas que resulten pueden ofrecernos una oportunidad para aprender algo nuevo. Para ello podemos buscar las causas de nuestra decepción, como tener expectativas demasiado altas, haber confiado demasiado pronto, la posibilidad de poder haber sido más sincera con mis sentimientos cuando algo me generaba dudas.. Las causas pueden ser muchas, pero seguro que algo pueden enseñarte si te permites reflexionar sobre ellas. 
  4. Saber que es muy importante revisar nuestras expectativas pero no eliminarlas por completo…  Frases como «No volveré a confiar en nadie», «Nunca me enamoraré de nuevo», o «No lo intentaré más» son, además de poco realistas, fuentes de malestar emocional. Cuida tu diálogo interior.

Como vimos, luego de una decepción, es comprensible sentir desconfianza y sentirnos menos accesibles. No obstante, una vez superada la desilusión, es crucial volver a confiar: confiar en las personas, confiar en nuestra capacidad de hacerlo. Ya que de no hacerlo corremos el riesgo de anclarnos un poco al pasado y a esas decepciones que sufrimos, lo cual no nos permitirá avanzar.

De todos modos, está bien sentir que la experiencia puede habernos vuelto más prudentes y aprender a moderar nuestras expectativas o ser más realistas, esto demuestra que pudimos aprender algo de lo que experimentamos.

¿Cómo vives tú la desilusión?

¿Cuál es tu mayor desafío frente a la desilusión? ¿En qué aspecto querrías mejorar? Comparte tus impresiones en los comentarios de este artículo, más abajo.

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