¿Te has sentido culpable por estar, simplemente, mal emocionalmente? ¿Te ha pasado algo malo y sientes que no puedes, o no deberías, llorar tranquilamente? ¿Sientes que tu entorno te obliga de alguna manera a sentirte bien todo el tiempo?

En determinadas situaciones puede suceder que vivimos circunstancias que nos entristecen, enfurecen, angustian. Es tan natural como tener experiencias donde sentimos alegría, ternura y calma.

Sin embargo, no siempre encontramos comprensión al otro lado, en quien nos escucha. Así, podemos toparnos con amistades, familiares o colegas profesionales que nos dicen “ya pasará”, “tienes que estar bien”, “mírale el lado positivo”, “nada es imposible”, “tú puedes con todo”, “deja de darle vueltas, no es tan importante”, “hay gente pero que tú”, “no te rindas”… ¿Te suena alguna de estas frases? ¿Cómo te hicieron sentir?

Estos pensamientos positivos, enérgicos o motivadores pueden ser útiles en algunas ocasiones. En cambio, no sustituyen a la realidad que estemos viviendo; tampoco nuestras necesidades emocionales. Y no debería servir como forma de invalidar nuestra experiencia emocional y nuestro derecho a transitar esa experiencia desde el respeto y la amabilidad.

Consecuentemente, también hemos de cuidar nuestro diálogo interior. Cuando nos planteamos preguntas del estilo: “¿cómo deshacerme de mis emociones negativas?” estamos tratando de acallar nuestro sentir, nuestro “yo”, nuestra necesidad.

¿Cuándo la positividad se vuelve tóxica?

Las emociones están para ser expresadas, transitadas, reguladas y permitirnos adaptarnos a la vida y al día a día. Todas ellas, las agradables y las menos agradables. Nos enseñan qué es importante, qué es sano, qué nos hace bien y qué logra lo contrario. Saber escuchar el propio mundo emocional permite acoger una filosofía de vida realista, optimista y esperanzadora, acogiendo dentro de esa visión que no todo es positivo.

Sin embargo, en la última década se ha puesto en auge una corriente de positividad tóxica. Una positividad o un positivismo llevado al extremo. Consiste en la imposición de un pensamiento positivo como la única forma de solución a los problemas, exigiendo que las personas eviten o nieguen pensamientos negativos y no expresen emociones negativas. Es ese empeño constante de dar un giro positivo a todas las experiencias, incluyendo aquellas que puedan ser dolorosas y trágicas.

El peligro de este positivismo o positividad tóxica es que puede hacernos reprimir emociones como el resentimiento, tristeza o enojo. Al negar las emociones negativas o desagradables, estas se pueden hacer más grandes y se convierte un ciclo donde van creciendo y acumulándose, ya que no son procesadas, hasta que la situación se vuelve insostenible y “explotamos”.

¿Cómo identificar el positivismo tóxico?

Llevado al extremo, podría ser una especie de fantasía en la que se niegan todas las adversidades y hasta, a veces, la realidad. Como si fuera una manera de evitar el sufrimiento que acarrean determinadas situaciones en la vida.

En este proceso se nos olvida que aquello que no miramos, que acogemos, que no aceptamos, no podemos sanarlo. Por ello, cuando negamos la realidad es cuando más sufrimiento puede haber, mayor confusión y desconcierto. Lo más probable es que, tarde o temprano, la tristeza, el enojo, la angustia, en algún momento, quieran salir. Entonces viviremos este momento más intensamente que si lo hubiéramos enfrentado desde un inicio.

Existen algunos signos o síntomas que pueden decirte si has vivenciado alguna vez la positividad tóxica, a saber:

  • Te sientes culpable por sentir lo que sientes.
  • Tratas de darle otra perspectiva positiva antes de validar tu experiencia y afrontarla desde el respeto.
  • Escondes o enmascaras tus verdaderos sentimientos, para que no se te note y hacer como si todo estuviera bien.
  • Finges que todo está siempre bien.
  • Minimizas tus sentimientos.
  • Te avergüenzas o castigas, ya sea a ti a otras personas, por expresar frustración o cualquier otra cosa que no sea positividad.

Esto vendría a ser ese «me siento mal por sentirme mal» que a veces experimentamos, ¿verdad? Si te descubres con alguna de estas señales de alerta, haz una pausa y permítete sentir.

No es sano hacer como si no sintiéramos nada, como si no ocurriera nada. Desconectarnos, desligarnos, separarnos o huir de nuestras emociones es, de alguna manera, hacerlo de nosotras mismas y de nuestras necesidades.

Cómo salir de la trampa de la positividad tóxica

Cuando nos enfocamos solo en emociones agradables obtenemos una versión ingenua o infantil de la vida. El pensamiento positivo suena, como dijimos antes, a una fantasía que choca con la realidad y finalmente puede hacernos mucho daño. En consecuencia, nos volvemos más vulnerables ante momentos difíciles:

  • Produce vergüenza: nos avergüenza mostrarnos heridos, dañados.
  • Deterioro de la salud emocional y física: las emociones reprimidas pueden provocar estrés no solo emocional, sino también físico.
  • Dificultades en la comunicación: La positividad tóxica anima a las personas a ignorar los desafíos que pudieran surgir en las relaciones y centrarse en lo positivo. Esta conducta puede afectar a la comunicación y a la capacidad de resolver problemas en las relaciones.
  • Evasión del daño real: se subestima la gravedad de las cosas.
  • Produce aislamiento: ya que no permitimos sentimientos desagradables en las charlas y eso hace que algunas personas no se sientan cómodas, al sentirlo falso, y se alejen. O nosotras  mismas nos sentimos desconectadas emocionalmente de los demás y nos alejamos por «voluntad» propia, por desgana, por tristeza.

¿Y cómo podemos superar esta trampa de positividad tóxica o positivismo tóxico? Lo conseguiremos a través de la validación emocional.

La validación emocional es aceptar, desde el respeto a lo que es, lo que está ocurriendo emocionalmente. Utilizar, con nosotras mismas y las demás personas, palabras educadas y amables. Es, también, tener presente que todas las emociones son pasajeras y que una no invalida otra: puedes sentirte alegre y triste al mismo tiempo.

Desde esta validación emocional podemos gestionar eso que estamos sintiendo para mejorar nuestro ánimo. Así será sana nuestra forma de transitarlo.

Positividad tóxica: recuerda

En nuestras sesiones individuales, a menudo, encontramos que la persona trata de pensar en positivo. Sucede, entonces, que no se cree su propio pensamiento. Esto es porque pensar en positivo no siempre es la solución. La realidad es que:

  • Ni tú ni nadie puede con todo a la vez, y no pasa nada. Hay que aprender a priorizar de acuerdo a nuestros valores y personalidad.
  • No siempre somos capaces de ver el lado positivo de una situación; y de hecho, a veces, no lo hay como tal. Aprender a aceptar esto también es importante para el bienestar emocional.
  • Todas las personas necesitamos un respiro, un descanso, un tiempo de pausa. Tú también. Aprender a darnos ese espacio es imprescindible para permitirnos emocionarnos en lo que necesitemos en ese momento.
  • Es normal sentir tristeza a veces y no conocer siempre el motivo. Cuídate como lo harías con tu mejor amiga.
  • Frases como “no hay imposibles” son generalidades poco realistas. No todo es posible. No puedes salir a la calle y volar si mueves tus brazos. Eso no significa que no puedas tomar decisiones que te acerquen más a aquello que deseas, desde el respeto hacia ti misma.

Todas tus emociones son válidas. Tú, también. Eres una persona válida, digna y valiosa, independientemente de cómo te sientas hoy.

Si quieres aprender a priorizar, aceptar la realidad sin huir de ella, darte tu tiempo y espacio, cuidarte emocionalmente y tomar decisiones sanas y respetuosas para ti, puedes contar con nosotras en nuestras sesiones individuales. ¿Te acompañamos?

Cuéntanos en los comentarios tus experiencias con la positividad tóxica. ¡Te leeremos con amor!

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