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Hablemos de resiliencia. ¿Estás pasando, o has pasado, por un momento difícil en la vida? ¿Sientes o has sentido que has perdido el rumbo y que no tienes las herramientas para salir adelante? Rupturas amorosas o de amistad, pérdidas de familiares o cercanas, fracasos profesionales o personales, son momentos difíciles, situaciones en las que podemos sentir que todo alrededor se derrumba y que no podremos salir de allí. 

Y es que la vida nos enfrenta a situaciones desafiantes, adversidades que a veces son más dolorosas y difíciles que otras, y nos toca lidiar con ellas, afrontarlas. Nos pasa a todas las personas, nunca sabemos cuán fuertes somos hasta que ser fuertes es la única elección que tenemos. 

Es natural sentir tristeza, agobio, miedo, incertidumbre al enfrentarnos a la adversidad. Sin embargo, en este artículo queremos mostrarte que es posible sobreponerse a ella y cómo en cada una de nosotras reside una fortaleza que nos ayudará a salir adelante y disfrutar de la vida pese a las dificultades que puedan presentarse.

Por eso hoy te traemos, y deseamos aprenderás, la definición de resiliencia, las bases en las cuales se asienta y cinco claves para ponerla en práctica en tu día a día. ¿Empezamos?

Resiliencia: significado y ejemplos

La resiliencia es un concepto que hace unos años comenzó a tomar fuerza, siendo estudiada y fomentada por su valor e importancia para el bienestar emocional general. El interés por la resiliencia surgió del intento de comprender cómo es que  algunas personas superan y hasta salen fortalecidas de situaciones trágicas que aparentan ser sumamente desafiantes, e incluso imposibles de superar.

En diversas investigaciones se define a la resiliencia como la capacidad para sobreponernos, para soportar las penas, y para luego poder enmendarnos a nosotras mismas. Es la habilidad de recomponernos luego de pasar por un mal momento. Y al decir que es una habilidad significa que puede ser aprendida y desarrollada por todas las personas, si nos lo proponemos.

Es por ello que saber de ella y fomentarla en nuestro día a día es importante, ya que nos abre nuevas posibilidades, da una nueva mirada, más esperanzadora para cuando nos enfrentamos a situaciones adversas y desafiantes.

Puede suceder que se confunda el término de resiliencia con la resistencia, y es que, por un lado la resiliencia es un poco resistir y proteger nuestra propia integridad ante la adversidad, pero la resiliencia va un poco más allá de solo resistir y protegernos, sino que, además, es la capacidad para construir una nueva realidad posible de bienestar pese a circunstancias difíciles. Veamos algunos ejemplos:

1. Superar una pérdida personal

Después de perder a un ser querido, una persona puede atravesar un período de duelo y, con el tiempo, encontrar la fuerza para reconstruir su vida y seguir adelante. Esto es, aceptar la pérdida, resignificar la relación, seguir adelante con cariño y conectando de nuevo con las emociones agradables.

2. Afrontar un fracaso profesional:

Después de perder un empleo o enfrentar un revés en su carrera, alguien puede usar esa experiencia para aprender, adquirir nuevas habilidades y finalmente encontrar un trabajo mejor. Este “mejor” tal vez sea porque se ajusta de un modo más adecuado a nuestro perfil, personalidad, necesidades o preferencias actuales. De algún modo, resiliencia es aceptar lo que ocurre y, aun con miedo y sin saber muy bien cómo, seguir intentándolo.

3. Superar una ruptura amorosa:

Después de una relación fallida, alguien puede aprender a sanar emocionalmente, redescubrir su identidad y eventualmente encontrar una nueva relación significativa. Si la relación fue larga, puede tomar algo de tiempo y ser aconsejable reponernos con recursos prácticos y un entorno amable. No descartes considerar ayuda profesional para ello.

4. Adaptarse a un cambio importante en la vida:

Mudarse a un nuevo país, cambiar de carrera o adaptarse a un cambio en la situación familiar pueden resultar muy desafiantes. Mudarse a otro país implica, por ejemplo, transformar todo nuestro entorno por otro distinto, nuestras habilidades y expectativas, incluso la propia identidad. Practica el autocuidado emocional es importante para sobreponernos del mejor modo posible a ello.

¿Te identificas con alguna de estas situaciones? ¿Tal vez con otra? Te animamos a compartirlo con nosotras en los comentarios de este artículo, los cuales encontrarás más abajo. 

Resiliencia: Características de una persona resiliente

Estamos seguras de que has superado o sobrevivido a momentos muy difíciles en la vida. Eso también es resiliencia. No obstante, es natural preguntarnos acerca de las características de una persona resiliente, que afronta ejemplos similares a los que hemos referido en el punto anterior.

Podríamos decir, por acotar y apoyarnos en algo que pueda servirnos de apoyo, que la resiliencia se apoya sobre seis pilares fundamentales. Funcionan como la base sobre la cual las personas podemos apoyarnos para desarrollar nuestra capacidad de afrontar momentos difíciles y “mantenernos en pie”. Tenerlos en cuenta nos ayudará para hacer una autoevaluación de nosotras misma y saber qué punto de ellos puede ser nuestro área de mejora en busca de ser más resiliente.

1. Introspección:

La introspección implica la capacidad que tenemos para tomar consciencia de nuestras propias emociones, pensamientos y conductas, para conocer nuestro mundo interior. Y esto no significa rumiar o caer en un bucle o bloqueo, sino reflexionar sobre los propios pensamientos y emociones. Una persona resiliente asume que reflexionar sobre nuestro mundo interior resulta fundamental para poder comprender mejor las situaciones y tener la posibilidad de adaptarnos a ellas de la mejor manera posible.

Para promover la introspección en el día a día puedes dedicar tiempo a la atención plena y la meditación, a la expresión creativa, al autoconocimiento o al aprendizaje emocional práctico y consciente. La Familia Emocional, por ejemplo, la cultiva día a día en nuestro Gimnasio Emocional, dentro de un espacio de apoyo mutuo y recursos prácticos para mimar ese autocuidado emocional.

2. Independencia emocional:

La independencia se refiere, en este caso, a poder tomar decisiones teniendo en cuenta el propio sentir y la propia opinión. Se basa en la confianza en una misma. Las personas resilientes saben que merecen darse voz y voto en sus vidas. Hace poco impartimos un taller en nuestro Gimnasio Emocional que trataba la “Empatía complaciente”, pues es justo lo contrario a esta independencia que explicamos. ¿Cómo podemos promover esta independencia? Podemos promoverla día a día trabajando sobre nuestra autoestima, reconociendo nuestras capacidades y debilidades, motivándonos a nosotras mismas, es decir, cultivando la independencia emocional.

3. Habilidades sociales:

Las habilidades sociales incluyen la habilidad de relacionarnos con otras personas de manera asertiva. Implica cultivar la empatía, el respeto, la escucha activa y la comunicación asertiva. Para cultivarlas, la mejor manera es poniéndolas en práctica diariamente. Puedes comenzar poniéndote pequeños objetivos para ir logrando hacer de ellas un hábito, las cuales te ayudarán a poder buscar los apoyos que necesites en momentos adversos. Al igual que ayudas a otras personas, ¡mereces ser ayudada! Tú también eres importante.

4. Esperanza:

La esperanza es un sentimiento, un deseo, una expectativa o promesa. Es creer en una posibilidad, desear y confiar que es posible. Es casi la cara contraria a la ansiedad, que anticipa en negativo. Gracias a la esperanza podemos afrontar nuestro presente aunque sea desafiante, ya que permite adoptar una actitud proactiva hacia el cambio ante esta nueva realidad. Podemos encontrar esperanza en nuestros sueños y metas personales, en nuestros vínculos más cercanos… ¿Tú, en que encuentras la esperanza? Te animamos a reflexionar sobre ello y a compartirnos tus apreciaciones en comentarios, más abajo de este artículo.

5. Aptitud de aprendizaje:

La aptitud de aprendizaje es entender, de algún modo, que somos aprendices de la vida cada día. Permitirnos sentir las emociones que nos evoca cada situación. Es algo en lo que insistimos en las sesiones individuales de nuestra terapia amable, a las personas a las que acompañamos con cariño. Reconocer nuestras emociones y darles su lugar nos permitirá gestionarlas para luego preguntarnos qué podemos hacer con ellas, que podemos aprender de la situación que vivimos. Esto allana el camino en la apertura cognitiva y emocional hacia una nueva etapa, más esperanzadora.

6. Diálogo interno amable:

El diálogo interno es la conversación consciente o inconsciente que cada una de nosotras mantenemos con nosotras mismas. La manera en la que nos hablamos es fundamental a la hora de afrontar los retos que la vida nos presenta, pues impacta directamente en nuestra autoestima, nuestras emociones y las decisiones que tomamos. Si quieres aprender como mejorarlo puedes leer nuestro articulo: https://orientateconmaria.com/mejorar-el-dialogo-interno-5-claves/. En él te regalamos cinco estrategias para conseguir ese diálogo amable que tanto te mereces.

Resiliencia: ¿Qué debo hacer para ser una persona resiliente?

La resiliencia está en marcha toda la vida, y aunque los primeros años de vida son muy importantes para la predisposición de desarrollarla, en la edad adulta aún hay herramientas que podemos aprender para ser una persona resiliente. Boris Cyrulnik, neurólogo y psiquiatra, nos regala herramientas para poder ponerlas en práctica en nuestro día a día:

1. Busca apoyo afectivo

En ocasiones, cuando sufrimos una situación adversa, un momento difícil, estamos tan tristes que podemos llegar a alejarnos de ese apoyo efectivo. Nos aislamos y el recuerdo constante de la herida agrava el sufrimiento. Es por eso que resulta tan importante buscar personas en las que podamos apoyarnos emocionalmente. Puede ser una amiga, un vecino, un familiar, alguien que nos brinde confianza y seguridad. Incluso una persona profesional que acompañe ese proceso y brinde herramientas adecuadas también es una aliada beneficiosa. Todo ello nos ayuda a ser una persona más resiliente.

2. Practica la aceptación de lo que es

Es natural pretender que las circunstancias siempre nos resulten favorables, pero lo cierto es que la vida es cambio y aprendizaje continuo. Aceptar que a todas las personas, en mayor o menor medida, nos pasan cosas, tenemos problemas, nos enfrentamos a adversidades y ninguna de nosotras está exenta de ello, es parte de ese “aprender a relativizar” necesario en la resiliencia. Hay momentos bonitos y otros no tanto; momentos muy difíciles y momentos de llanura. En cualquier caso, esto que estás viviendo también pasará. Eso también es aceptación. Por si lo necesitas, nos paramos en este renglón un momentito para enviarte un abrazo virtual, cálido y amable.

3. Elige dónde poner tu atención

En relación al punto anterior, aceptar lo que no podemos cambiar nos permite poner el foco en lo que sí podemos cambiar: nuestro margen de maniobra. Identificarlo es muy útil para no anclarnos en aquello que nos aparta del autocuidado emocional o el crecimiento personal. Tal como expone el escritor Victor Frankl: «Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, estamos desafiados a cambiarnos a nosotros mismos”. Esto nos dice, de algún modo, que no podemos volver el tiempo atrás pero sí podemos cambiar nosotras de perspectiva de afrontamiento. Esto no quiere decir que sea fácil, o que no necesitemos una mano amiga y profesional que nos acompañe en el camino; quiere decir que se puede hacer y se puede aprender, paso a paso, con paciencia, cariño y decisión.

4. Cuestionarte a ti misma

Cuestionarte a ti misma también es importante: desde el amor y la esperanza, si eso que estás haciendo te acerca o aleja de lo que quieres para ti. Cuestionarnos a nosotras mismas es lo que nos ayuda a saber si la manera en la que estamos enfrentando la situación nos ayuda en nuestro bienestar o más bien nos daña. Poder hacernos esta pregunta con cada decisión a tomar, nos traerá claridad cognitiva, ya que nos permite conectar directamente con nuestras emociones.

5. Recuerda tu autocuidado

El autocuidado es algo en lo que solemos hacer mucho hincapié desde Oriéntate con María porque sabemos de la importancia que tiene para la resiliencia y para cuidar de nuestro bienestar emocional. Continúa con tu rutina de autocuidado y, si no la tienes, intenta cultivar una. Considera incluir en ella aquellas actividades que tan bien te hacían sentir antes de pasar por este mal momento o situación difícil, es decir, conectar con aquello que te nutre y te hace sentir mejor. Al hablar de autocuidado no podemos dejar de mencionar nuestro Gimnasio Emocional, tu membresía de autocuidado emocional y crecimiento personal. Formar parte de él puede ser esa decisión consciente de autocuidado hacia, valga la redundancia, tu autocuidado emocional. 

“Una persona resiliente comprende que es el arquitecto de su propia alegría y de su propio destino” Boris Cyrulnik.

Esperamos que te haya resultado interesante y útil la información que quisimos transmitirte hoy. Ojalá te haya aportado esperanza si estás pasando por un momento desafiante. Puedes salir adelante, tienes la fortaleza dentro tuyo que te lo permitirá, y está bien que a veces necesitemos una ayuda más individualizada para alcanzarla, ¡eso no te hace menos resiliente! La resiliencia radica en considerar y tomar consciencia de dónde estamos y qué necesitamos para mejorar, incluso si eso es pedir ayuda profesional, ¿de acuerdo? Ante todo, sé amable contigo.

Por si es la primera vez que nos lees y no nos conoces aún, queremos hacerte saber que nosotras, el Equipo de Oriéntate con María, quedamos con cariño a tu disposición en nuestras sesiones individuales de terapia amable si lo necesitas. Cuando la vida nos golpea, tener una mano amiga que nos aclare el camino, nos disipe las dudas y nos acompañe en el proceso, es muy valiosa. Si además es una mano profesional, más aún.

¿Te gustaría contarnos en qué situaciones has notado tu resiliencia? ¿Añgún ejemplo que te animes a compartir? ¿Qué aprendizaje o consejo te llevas para aplicar en adelante? ¡Nos encantará leerte en los comentarios de este artículo! Lo haremos con sumo gusto y cariño, en gratitud por tu tiempo.

¡Nos seguimos acompañando!

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