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Cuida tus emociones, cuida de ti

7 tips para dejar de pensar demasiado

Un chico con cara de agobio, con sus dedos en las sienes, como agarrándose la cabeza

Pensar demasiado (en inglés, overthinking) es sobreanalizar situaciones, decisiones, errores, miedos o posibilidades. Es, en realidad, estancarnos en el mundo de los pensamientos y olvidarnos de que son nuestros pies, y no los pensamientos, los que caminan. Perdemos el foco y nuestra energía se diluye entre inseguridades, autorreproches o rencores. Nos paraliza, agota y genera malestar emocional.

No hay nada de malo en pensar en las cosas. Es sano, de hecho, reflexionar sobre lo que vivimos o hacemos, hacernos conscientes y asumir las riendas de lo que realmente queremos. Pensar demasiado es cruzar la línea. Y la clave es que esos pensamientos no te dan claridad, sino mayor estrés. Entonces es cuando se convierte en un problema.

Si en algún momento de tu vida has pensado demasiado, quédate conmigo hasta el final de este artículo. Voy a compartir contigo 7 tips para dejar de pensar demasiado. ¿Empezamos?

1. Identifica ese “demasiado”

El primer paso para poder solucionar o hacer frente a un problema es, normalmente, reconocer que se tiene ese problema. Y, más concretamente, identificar cuándo estamos dejándonos llevar por ese problema, cediendo las riendas de nuestra mente y sintiéndonos sin control.

Quizá te ayude identificar esta cuestión estas claves:

  • Estás pensando qué hacer en ese momento y, sin embargo, pasan diez minutos sin que te hayas decidido.
  • Has hecho algo (ej.: pedirle a alguien un favor, poner un límite personal) que no sabes qué repercusión va a tener y tu mente te secuestra, de modo que durante horas no te permites disfrutar plenamente de otras cosas.
  • Experimentas tensión física y emocional, inicias conflictos con personas que no tienen nada que ver con lo que ocupa tu mente.

¿Identificas alguna señal de alarma más que no haya escrito? ¡Cuéntamela en los comentarios! 

2. Para y respira

Somos pensamientos, cuerpo y emoción. Y con cuerpo nos referimos a acciones y comportamientos. Asume las riendas de tu cuerpo y detente un momento. Si te quedas quieto, verás que lo demás también. Y no pasa nada, no se acaba el mundo.

Calma tu respiración y esas emociones y pensamientos también se ralentizarán. Tú eres quien piensa, siente y actúa. No son tus pensamientos, de hecho, ni siquiera tú eres tus pensamientos. Eres mucho más. Hazte consciente de ello.

3. Utiliza tus sentidos

En especial el oído o el tacto. Es difícil escuchar con atención los propios pensamientos si estamos escuchando música relajante o estamos tocando, por ejemplo, la hierba y escuchando grillos cantando alrededor.

Déjate envolver, a través de tus sentidos, de esos pequeños detalles que te rodean. Pequeños pero reales, tangibles, presentes.

Elige para ello música, sonidos, visualizaciones o texturas que se adapten a tu estado de ánimo para ir calmándolo poco a poco. Por ejemplo, si estás triste, permítete el cambio del desahogo a la alegría. Si estás con ansiedad, permítete el cambio del movimiento agitado a la calma.

4. Usa la regla de los 10 segundos

A veces eternizamos decisiones que son sencillas y cuya repercusión realmente no puede ser catastrófica. Por ejemplo, qué merendar o a quién proponerle salir esta tarde. En esos casos, la regla de los 10 segundos puede ayudarte.

  • Si estás decidiendo entre dos cosas para comer y tiene dificultades, comienza a contar hasta 10 y haz una elección. La que sea.
  • Si estás debatiendo qué ponerte de ropa para mañana y comienzas a estresarte, cuenta hasta 10 y elije un atuendo. El que sea.

Obviamente, no querrás hacer esto con decisiones importantes en la vida. Pero si lo haces con todas tus decisiones menores, te ahorrarás mucho tiempo y estarás practicando la toma de decisiones.

5. Calma tus miedos

Una de las razones por las que muchas personas se preocupan demasiado por ciertas cosas es el miedo. Nos preocupamos por tantos escenarios catastróficos posibles que nos quedamos, prácticamente, paralizados/as.

El enfoque cognitivo conductual, que a menudo trabajo en mi consulta online, ayuda precisamente a retomar las riendas sobre esos pensamientos catastróficos. Gestionarlos para hacerlos realistas, respetuosos, que no es lo mismo que positivos. Reeducar nuestros patrones de pensamiento a veces es necesario.

Por ejemplo, si tu mayor miedo de ir a una fiesta o no ir, es desmayarte, pensar es que es improbable y que, si ocurre, no vas a estar solo/a puede ayudarte. ¡Considera buscar y recibir ayuda profesional individualizada si consideras que esto te haría bien! Yo misma puedo acompañarte en este proceso de aprendizaje en mi consulta online.

6. Que lo bueno sea bueno

En algunos casos, podemos tener tendencias perfeccionistas en nuestros patrones de pensamiento. Analizamos mucho para poder hacer las tareas que nos proponemos o nos proponen 100% bien.

Aprende, entonces, a dejar que lo suficientemente bueno sea bueno. No siempre encontrarás la solución perfecta para cada problema o situación, y está bien. Fluye, acepta que dar lo mejor de ti no significa que debas excederte hasta olvidarte de ti mismo/a.

A veces solo tienes que aceptar que la solución que has encontrado es la mejor que pudiste encontrar. Estar bien con que no todo salga bien. Estar bien con que las cosas estén bien en su mayor parte, incluso si ocurren algunos errores menores.

Cuando eliges dejar que lo suficientemente bueno sea bueno, no te preocupas tanto por acertar en cada pequeño detalle. Simplemente haces lo mejor que puedes y te permites ser suficientemente bueno/a, sin exigirte la perfección.

7. Déjalo salir

Cuando una situación o circunstancia nos molesta, incomoda, avergüenza o asusta, es difícil no repetirla una y otra vez en nuestra cabeza. Es posible que debas liberarlo todo de alguna manera.

Una forma de hacerlo es hablando. Hazle saber a la persona involucrada, o a un buen amigo o amiga, lo que has estado sintiendo acerca de lo que te sucedió recientemente. Expresa las preguntas que tengas y que te asaltan. Encontrar respuestas y aceptarlas, aunque no sean las ideales, pueden ayudarte a reducir la preocupación.

También puedes escribir tus reflexiones, ¡o dibujarlas! Yo misma utilizo a menudo un diario de hechos objetivos para entender, entenderme y tomar decisiones de autocuidado. Me libera la mente y me ancla al presente.

Cualquiera que sea la salida que elijas, tomarse el tiempo para soltar esas palabras que circulan en tu interior ayudará a aliviar tus emociones.

Cuidate en todos los niveles

Pensar demasiado en algo no tiene por qué ser un problema con el que vivas. Cuando des algunos pasos para consolarte, descubrirás que no te preocuparás tanto por las emociones negativas.

Las aceptarás como pasajeras, informativas y parte de la vida. Entonces podrás relajarte más y estar en paz contigo mismo/a.

Cuéntame en los comentarios, ¿qué tips aplicas ya? ¿Cuál vas a comenzar a utilizar?

Te animo a compartir este artículo en tus redes sociales para que, si alguno de tus seres querido piensa demasiado, pueda aprovechar estos 7 tips. 

Con amor,

María
Pedagoga y Doctora en Psicología

¿Cómo estás?

Soy María

Doctora en psicología y pedagoga terapeuta (col. nº1433 en COPYPCV) especializada en gestión emocional y procesos de superación personal. Compagino mi consulta online con la investigación científica en emociones, ansiedad, bullying y sus secuelas.

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