fbpx

Iniciamos este artículo, con cariño, con algunas preguntas exploratorias de introspección sobre el apego: ¿Necesitas aprobación de otra persona para saber si estás haciendo algo bueno o malo? ¿Sufres de celos? ¿Te sientes sola cuando tu pareja o amiga no te elige para alguna actividad o reunión? ¿Tienes miedo de perder tus relaciones actuales? ¿Buscas muestras de cariño explícitas para no sentir que te abandonarán? Te animamos a reflexionar sobre ello en los comentarios, abajo, al final del artículo, antes de continuar leyendo.

La respuesta afirmativa a estas preguntas pueden ser una muestra de inseguridades asociadas a cómo nos relacionamos con las demás personas, un aprendizaje que nace en nuestra infancia pero que sigue produciéndose durante toda nuestra vida. Así, definimos qué está bien y qué no lo está, qué podemos esperar de la otra persona y qué no; también qué se espera de nosotras en nuestras relaciones. Es decir, poco a poco, vamos adquiriendo un estilo de apego, una tendencia en la manera de relacionarnos según el tipo de relación que sea, la cual nos servirá en el futuro para formar vínculos con las demás personas.

Aprendizaje, expectativas y relaciones personales

Siguiendo la Teoría del Apego, nuestra tendencia dependerá de qué tan seguras, queridas y contenidas nos hayamos sentido las personas en nuestros distintos vínculos, desde que nacimos hasta ahora. Nos relacionamos con las demás personas según las expectativas que hayamos aprendido y que nos harán posible anticipar, interpretar y responder a la conducta de otras personas. Estas expectativas integran experiencias presentes y pasadas, por lo que a medida que nos desarrollamos, las vivencias sociales que tenemos con personas significativas también nos van influyendo en nuestro modo de vincularnos: las personas que nos cuidaron de forma principal, nuestras relaciones de amistad en el colegio, en el trabajo, las relaciones de pareja…

De este modo, si mis expectativas me dicen que si expreso mis sentimientos la otra persona puede rechazarme, es probable que oculte esos sentimientos. Si interpreto que complaciendo las necesidades de alguien que me importa es más probable que se quede a mi lado, es natural que mi comportamiento me lleve a ello. Son aprendizajes que adquirimos en función de nuestras experiencias de vida. ¿Te resuena esto que comentamos?

Antes de continuar, quisiéramos aclarar que las personas no “somos” un tipo de apego, sino que nuestra forma de vincularnos se ve influenciada por nuestra historia de vida, personalidad y por cada relación en particular en la que nos vinculamos. Podemos tener relaciones seguras con algunas personas y relaciones inseguras con otras. ¿Cómo distinguirlas? A eso vamos en este artículo.

1. Seguridad y confianza en las relaciones

El apego seguro es una de las categorías planteadas en la Teoría del Apego. Se trata de la relación más sana y nutritiva emocionalmente que podemos experimentar, pues ambas partes nos sentimos queridas, aceptadas, valoradas e importantes.

Consecuentemente, existe bajo nivel de ansiedad y pocas conductas de evitación o de huida cuando hay un conflicto o desacuerdo. Hay, más bien, seguridad en ese vínculo, comodidad con la cercanía y la interdependencia, y además confianza en la búsqueda de apoyo y otros medios constructivos de afrontamiento del estrés.

Esto permite una apertura a la experiencia emocional, lo cual posibilita el reconocimiento de nuestras emociones pudiendo expresarlas desde esa seguridad, confianza y tranquilidad del vínculo. Habitualmente, esto se relaciona con haber vivido la sensibilidad y disponibilidad, de las personas que nos rodearon en la infancia y adolescencia, ante nuestras necesidades de seguridad y protección que tenemos todas las personas.

2. Apego inseguro: ¿qué quiere decir?

Siguiendo la Teoría del Apego, el apego inseguro engloba, por su parte, aprendizajes emocionales acerca de los vínculos menos serenos y felices. Ocurre cuando, en esa relación, tendemos a anticipar posible daño, rechazo o abandono. Estamos, por tanto, más alertas, inquietas o aisladas. Al plantearse la Teoría del Apego, este apego inseguro se podía subdividir en tres grupos:

  • Apego ansioso ambivalente: relacionado con el miedo a la pérdida, al abandono.
  • Apego ansioso evitativo: relacionado con el miedo al daño, al rechazo.
  • Apego desorganizado:  relacionado con todo lo anterior, comportamientos confusos y contradictorios.

Veamos cada uno de ellos y cómo identificarlos:

2.1 Apego ansioso y miedo a la pérdida

Como introducimos al inicio de este artículo, el estilo de apego depende en gran medida de la relación en particular en la que nos encontramos. Así, si la otra persona se muestra inconsistente, a veces nos trata bien y a veces no, en ocasiones nos cuida y en ocasiones lo contrario, va a generar estrés, alerta, ansiedad, inseguridad. Por tanto, algo importante a considerar aquí es que, si te sientes con ansiedad en una relación, es posible que el problema no esté en ti, sino en la relación en sí. Es algo que en nuestras sesiones individuales de terapia amable hemos visto con cierta frecuencia.

Algunas frases que pueden indicarnos que tal vez estamos en una relación no del todo sana son:

  • “Me siento feliz cuando estamos juntas, cuando se va sufro”: Dependencia emocional
  • “Cuando no responde a mis mensajes me desespero, ¿porque no me responde?”: Inseguridad
  • “¿Estás enfadada? ¿Pasa algo? ¿Me sigues queriendo, verdad?”: Necesidad de validación recurrente o constante
  • “Me aterra discutir y que se vaya”: Miedo al abandono y separación
  • “Tal vez si le cocino algo que le gusta me quiera más”: Creencia de no ser suficiente

Ese estímulo intermitente e inconsistente deriva en una fuerte necesidad de cercanía y de mantener los vínculos, lo cual desencadena inseguridad y un profundo miedo de perder a la persona. Así, las emociones más frecuentes son el miedo, la preocupación, angustia ante las separaciones. Además, como tenemos inseguridad en la relación, buscamos la aprobación recurrente o constante.

Consecuencias de una relación ambivalente

Las personas en una relación ambivalente tienen la sensación de temor a que su pareja, u otras relaciones significativas (amistad, familiar…) según cada caso, no las ame o no las desee. Consecuentemente, les resulta difícil relacionarse con las demás personas, en el sentido de que suelen esperar mayor intimidad y estabilidad en el vínculo de la que reciben en dicha relación. Ligado a este tipo de apego podríamos hablar de la dependencia emocional.

Si te identificas con este tipo de apego en alguna de tus relaciones, queremos transmitirte de nuevo que se trata tanto de aprendizajes previos como de la relación en sí misma. No tenemos la “culpa” de ello. Lo importante es reconocerlo y poder hacer algo con esa información sobre nosotras mismas. Aprender a reconocer las relaciones sanas, nuestros derechos asertivos, poner límites y cuidar nuestra independencia emocional, son aprendizajes valiosos en este caso. Sobre ello tenemos cursos, talleres y retos disponibles en nuestro Gimnasio Emocional de María, tu espacio online de autocuidado emocional y desarrollo personal para que, mes a mes, cultives una versión más serena y feliz de ti misma.

2.2 Apego evitativo y miedo al rechazo

El aprendizaje social y emocional asociado a esta forma de apego o vinculación es que las personas no están disponibles para sostenernos cuando lo necesitamos. Hay mayor sentimiento de soledad, incomprensión, desconfianza, resignación, en las relaciones que se sustentan en este estilo de apego. Puede ocurrirnos con amistades, con pareja, con familiares… Según nuestras experiencias de vida, nuestra personalidad y la relación en sí con cada persona, mostraremos un estilo de apego u otro de forma más predominante.

Cuando en la relación que sea nos vinculamos desde un apego evitativo podemos identificarlo con frases como:

  • “No me siento cómoda expresando mis sentimientos ni mis emociones más profundas”: Evitación de la intimidad emocional
  • “Es mejor no confiar en nadie, asi no me desilusionan” “Prefiero estar sola, no necesito a nadie para ser feliz”: Independencia excesiva
  • “Evito involucrarme emocionalmente con otras personas”: Minimización de la importancia de las relaciones
  • «Cuando hay conflictos, prefiero distanciarme emocionalmente en lugar de abordar directamente el problema» Desconexión emocional en situaciones conflictivas

Si en nuestra infancia nuestra familia nunca estuvo disponible emocionalmente para atendernos y contenernos; si sufrimos bullying durante años en el colegio y aprendimos que quienes nos rodean en el plano de amistad no pueden comprendernos… Fácilmente aprenderemos que hay ausencia de presencia, disponibilidad, sensibilidad y seguridad en nuestros vínculos más significativos en esos ámbitos.

Consecuencias de una relación ausente

Consecuentemente, esta relación produce sufrimiento, sensación de soledad e incomprensión, como hemos comentado. Las personas asumimos, en estos casos, que estamos solas, que no necesitamos a nadie más o, que otras personas, igualmente, no sabrían estar como necesitamos que estén. Es lo que hemos aprendido y es lo que esperamos de esas relaciones interpersonales.

De algún modo, desarrollamos una autosuficiencia afectiva con tendencia a la distancia emocional de los demás. Se producen, en realidad, sentimientos de rechazo de la intimidad con otras personas, por lo que asumimos conductas de evitación y aislamiento en cuanto a la conexión real, sincera y profunda con otras personas.

4. Apego desorganizado: ataque y huida

La Teoría del Apego incluye un cuarto tipo, asociado a experiencias de maltrato o abandono severo en la infancia: el apego desorganizado. Explica que nace cuando las personas cuidadoras principales fueron indiferentes a nuestras necesidades, nos enseñaron a no saber qué esperar de ellas, de quienes debían cuidarnos y protegernos. Entonces, podemos experimentar una confusión interna y ambivalencia hacia esas personas cuidadoras.

Ya hemos explicado, no obstante, que las personas no podemos reducirnos a un “tipo de apego” y que si bien aprendemos ciertos patrones de comunicación y vinculación en la infancia, se trata de un aprendizaje que dura toda la vida. Aprendemos con cada interacción y relación, y cada una de ellas puede darnos pistas de si se trata de una relación sana o más bien desorganizada por cómo nos hace sentir.

Por ende, de personas adultas, cuando nos vinculamos desde un apego desorganizado podemos identificarlo con frases como:

  •  «A veces me siento más segura estando sola, pero al mismo tiempo deseo compañía»: Ambivalencia emocional
  • «Cuando alguien se acerca demasiado, me siento atrapada y asustada»: Miedo a la intimidad
  • «A veces me siento abrumada y no sé cómo manejar mis emociones, no sé qué hacer» Respuestas contradictorias ante el estrés
  • «He sido herida antes, y me cuesta confiar plenamente en alguien” Dificultad para confiar en las demás personas.
  • «Mis amistades y relaciones románticas a veces son intensas y luego se vuelven distantes”: Patrones relacionales inestables

Hacemos aquí recordatorio amable de no es nuestra culpa si sufrimos algún tipo de injusticia, abuso o maltrato en la infancia, adolescencia o adultez que nos marcó. Estar en modo supervivencia tras ello puede llevarnos a experimentar dificultades en la regulación emocional, la intimidad y la confianza en las relaciones. La falta de coherencia en las estrategias de afrontamiento, ya que nadie nos enseñó, puede llevar a respuestas impredecibles y a patrones relacionales inestables.

En cualquiera de los casos, mostrar un estilo de apego predominante o con el que nos identificamos más no quiere decir que tengamos un trastorno psicológico, psiquiátrico o neurológico. Son aprendizajes y usualmente, experiencias sanas en los vínculos y los aprendizajes amables acerca de cómo relacionarnos más asertivamente nos ayudan a sanar esos aprendizajes pasados que no fueron tan seguros.

Sanar el apego

Es importante señalar e insistir en que la teoría del apego es una herramienta útil para comprender las dinámicas de las relaciones, pero no es determinante ni una etiqueta diagnóstica que nos defina.

Como vimos, los distintos tipos de apego reflejan los aprendizajes que hemos adquirido desde la infancia hasta el momento presente en el seno de nuestras relaciones familiares, escolares, sociales o afectivas a nivel pareja. Reconocer cómo nos vinculamos y que las personas estamos hechas de matices es importante para poder sanar y reaprender un patrón más sano, enriquecedor y nutritivo emocionalmente, poniendo el foco en:

  • Lo que hemos aprendido que determina nuestra tendencia sensibilidad y disponibilidad de la otra parte del vínculo
  • El crecimiento en cuanto a afecto y cuidados a recibir
  • La sensación de confianza y seguridad en la relación

¿Identificas algún tipo de apego en ti y en tus relaciones presentes o pasadas? ¿Cuál o cuáles? ¡Cuéntanos en comentarios! Te leeremos con mucho cariño.

Tal vez te interese nuestra clase gratuita sobre Disociación o Heridas emocionales de la infancia, que impartimos ocasionalmente, conocer nuestro Gimnasio Emocional de María o que te acompañemos en nuestras sesiones individuales de Terapia Amable. En cualquiera de los casos, ¡quedamos a tu disposición!

¡Nos seguimos acompañando!

Descubre cómo relajarte en 20 minutos

¿Te sientes estresada, agobiada o angustiada? ¿La incertidumbre te puede? ¿Te cuesta gestionar tus emociones? ¿Tienes dificultades para concentrarte en tus tareas diarias? ¿Tienes un torbellino en la cabeza que parece interminable? 

He preparado esta sesión de relajación guiada porque quiero que relajes tus emociones, cuerpo y pensamientos, y seas más dueña de tu estado emocional, reacciones y decisiones. 

Consentimiento tratamiento datos

You have Successfully Subscribed!

×