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En algunos momentos de nuestra vida puede pasarnos que nos sentimos atacados fácilmente. Quizá alguien nos dice que hemos cometido faltas de ortografía en un informe y que se encargará él de subsanarlo. Tal vez otra persona nos dice que podemos afrontar un reto de un modo distinto al que lo estamos haciendo. O puede que, simplemente, preguntemos una opinión cuya respuesta no sea de nuestro agrado.

Las diferencias de opinión y los conflictos son inevitables en las relaciones interpersonales. Habitualmente lo solucionamos hablando desde la calma, el respeto y la honestidad. Así se aclaran malentendidos, se refuerzas las relaciones o se toman decisiones conscientes al respecto.

En cambio, también puede ocurrir que nuestras experiencias vitales previas nos hayan herido emocionalmente y que esas heridas no hayan sanado del todo. Así, es posible que un roce inofensivo para otras personas, para nosotras sea algo inimaginable, impensable, doloroso o angustioso. Y reaccionamos con base en ese dolor que sentimos, en esa herida previa, más que en lo ocurrido en ese momento.

¿Qué podemos hacer al respecto? En primer lugar, te aconsejaría sincerarte contigo, con un amigo o amiga y animarte a ir a un profesional de confianza. No obstante, sé que no es fácil el proceso, así que aquí van un par de consejos sobre cómo afrontar este reto social y emocional:

1. El «quién» importa

Y no porque si las dice alguien que nos importa sea más grave, como afirman muchas frases que circulan por internet. Tengamos en cuenta que estamos hablando de una tendencia a sentirnos heridos o atacados por otras personas. O de una tendencia a tomarnos como algo personal situaciones, palabras o actos que no tienen que ver necesariamente con nosotros.

El quién importa para bien. ¿Por qué? Porque si te has sentido atacado o herido por una persona que te quiere, apoya, respeta y consuela cuando lo necesitas, ¿no es posible que no haya sido un ataque como tal? Recordemos que un roce en una herida abierta duele tanto como un golpe en piel sana.

Por ello, este consejo es analizar el quién. ¿Se trata de alguien que nos agrada, nos respeta y respetamos? ¿Alguien que nos trata y hace sentir bien? ¿Alguien que conocemos y nos conoce bien? Si es así, la probabilidad de que estemos sintiendo un roce como un golpe es bastante alta.

No se trata de ignorar el daño, sino de serenar nuestros instintos de supervivencia, alterados por la herida previa, y recuperar el control sobre nuestras decisiones. Así, conscientemente, podemos aclarar lo ocurrido, explicar nuestro sentir y escuchar a la otra parte, y tomar una decisión después de ello.

Del mismo modo, ¿se trata de alguien que tampoco conocemos o nos conoce tanto? ¿Es una persona que tiene, por sí y con todo el mundo, una forma de expresarse que no coincide con la nuestra? En ese caso, tomarnos como personal algo de alguien que no nos conoce o tiene esa actitud con otras personas, tampoco nos ayudará a afrontar la situación de forma objetiva, asertiva y saludable.

2. Perdona el error, no el patrón

Todas las personas cometemos errores, decimos frases sin filtro o hacemos daño sin querer. El error es humano. Y si solemos tomarnos como algo personal situaciones, gestos o conductas que no lo son, es probable que también hagamos daño sin darnos cuenta. Un daño que suele ser hacia nosotros y hacia la persona que estamos malinterpretando.

Ahora bien, ¿dónde está el límite? Seguro que todas las personas hemos oído alguna vez eso de «critícame una vez, eso depende ti. Critícame dos veces, y eso ya será cosa mía». Pues sería algo así pero sin reducirlo tanto al absurdo. ¿Por qué? Porque es humano cometer un error y decir algo crítico o insultante, pero si sucede una y otra vez, ya no es un error, es un patrón.

Un error sucede una vez de forma esporádica. Si ese error nos daña, lo comunicamos y la persona se disculpa o explica el malentendido, la probabilidad de que la relación salga fortalecida es más alta. Del mismo modo que si somos nosotros quienes dañamos y la otra persona nos lo dice.

Sin embargo, cuando ese error se repite de forma sistemática, ya no estamos hablando de un error, sino de un patrón. ¿Qué es un patrón? La forma en la que solemos responder, reaccionar, actuar, hablar o pensar. Si todos los meses alguien nos grita, es un patrón, por muchas veces que nos pida disculpas.

Si lo que nos molesta, hiere o duele es un patrón, lo mejor que podemos hacer es limitar el contacto con esa persona en la medida de lo posible. Y si esa distancia física y emocional no es posible, poner límites claros y decidir nuestra respuesta en cada caso.

Todas las personas cometemos errores y podemos herir sin querer, pero nadie tiene derecho a maltratar a otra persona.

Responde en los comentarios:

¿Qué reflexiones te surgen tras leer este artículo? ¿Has confundido alguna vez un patrón con un error?

En mi caso, el patrón de mis seres queridos es estar presente, preguntarme cómo estoy de vez en cuando, estar ahí si los necesito. ¿Errores? Alguna vez y ninguno me duele hoy, porque se habló.

Pero, ¿sabéis? Sí me ha ocurrido ver un error donde había un patrón. Y en el proceso antes de darme cuenta sufrí mucho pretendiendo arreglar algo que, por mi bien, no valía la pena. En ese caso, desde que puse distancia, tengo una paz mental que antes no tenía.

¿Has tenido alguna experiencia similar? ¿Quizá algo diferente pero relacionado? ¿Te surge alguna duda o pregunta sobre esto? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

Te leeré y responderé personalmente.

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