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¿Alguna vez te ha pasado desear no sentir? ¿O tratar de “contener” alguna emoción como la tristeza o la rabia? ¿O sentir que no “deberías” sentirte de una manera?

Muchas veces, las personas solemos reprimir lo que sentimos. Tratamos de ocultar las emociones, contenerlas, ya sea por sentirnos juzgadas o porque creemos que es lo “correcto”. Lo que ocurre es que las emociones aparecen sin más, pertenecen al cuerpo, y son viscerales, no podemos por ejemplo “elegir” tener tristeza en una situación determinada, o alegría en otra. Simplemente aparecen.

Puede ocurrir también que sintamos diferentes emociones a la vez, aunque puedan parecer opuestas, como por ejemplo sentir ilusión y miedo al mismo tiempo al comenzar una nueva etapa. Ante la confusión que ello puede generar, podemos llegar a intentar negar, ocultar una de las emociones.

Esto puede llegar a ser de utilidad en el momento, para sentir que controlamos lo que ocurre, centrándonos en una sola emoción. Pero lo cierto es que a largo plazo nos generará más confusión, ya que las emociones no desaparecen, por más de que las intentemos “tapar”.

Por ello, en este artículo exploraremos qué son las emociones, por qué son necesarias, y la importancia que tiene el permitirnos sentir. También os compartimos un ejercicio práctico amable (pedagógico), como nos caracteriza en Oriéntate con María.

1. ¿Qué son las emociones?

Podemos definir a las emociones como sistemas motivacionales, que tienen componentes fisiológicos, conductuales, experienciales y cognitivos. Varían en intensidad, tienen una valencia positiva o negativa (podemos sentirnos bien o mal), y suelen estar provocadas por situaciones que merecen nuestra atención porque afectan al bienestar.

Ahora bien, las emociones pueden diferenciarse entre primarias y secundarias. Las primeras se consideran respuestas relativamente universales, fundamentalmente fisiológicas, y biológica y neurológicamente innatas. Por el contrario, las secundarias, que pueden resultar de una combinación de las primarias, están más condicionadas social y culturalmente.

Podemos decir que las emociones primarias son aquellas que sentimos originalmente, no tienen explicación, y son muchas veces las que tratamos de esconder. Tratamos de reprimirlas o de explicarlas, y muchas veces acaban por expresarse en nuestra corporalidad para que les prestemos atención. Algunas de ellas son: miedo, alegría, tristeza, enfado, asco, curiosidad, sorpresa, y seguridad.

En cambio, las emociones secundarias se relacionan con las funciones cognitivas, son aquellas con las que explicamos y razonamos lo que percibimos. Y se ven afectadas, como hemos dicho anteriormente, por el contexto. Podemos decir que algunas de ellas son: la culpa, la vergüenza, el amor, el resentimiento, la decepción o la nostalgia.

2. ¿Por qué es importante sentir?

Algo importante a saber de las emociones es que cada una de ellas, tiene un propósito, y brinda información sobre lo que vivimos y el entorno que nos rodea, así sean emociones incómodas o más placenteras. Por ejemplo, si sentimos miedo, puede ser que nos encontremos ante un peligro y la emoción nos mueva a evitarlo.

Todas las emociones son mensajes para nosotras, las personas. Señales. Nos indican cómo nos sentimos frente a determinadas situaciones, y son útiles a la hora de interactuar con el entorno. Podemos decir que las funciones principales de la emoción son tres: adaptativas, sociales, y motivacionales.

En primer lugar, la emoción cumple una función adaptativa ya que nos prepara para poder actuar adecuadamente según el entorno en donde nos encontremos. Moviliza la energía necesaria para ello, y dirige la conducta hacia un objetivo determinado (puede ser acercarnos o alejarnos de situaciones).

En segundo lugar, podemos decir que las emociones cumplen funciones sociales, ya que permiten predecir los comportamientos asociados con las mismas. Así, facilitan la interacción social, ayudan a comprender y predecir las conductas de los demás, y permiten la comunicación de los estados afectivos. El conjunto de todo esto englobaría lo que se conoce como inteligencia emocional.

Por último, es necesario decir que las emociones son motores motivacionales, nos empujan hacia la acción. Además, una conducta cargada emocionalmente, se va a realizar con más energía. Por ello, la emoción tiene también una función motivacional. Así, se puede decir que la emoción facilita la aparición de unas conductas motivadas, y también que toda conducta produce una reacción emocional.

En consecuencia, las emociones aparecen y merecen ser escuchadas. Debemos prestar atención a aquello que vamos sintiendo, logrando comprender cómo nos afectan las diferentes situaciones, impulsándonos a actuar de determinada manera. Entonces escuchar nuestras emociones, y permitirlas, es necesario para mejorar la relación con una misma y con las demás personas.

Puede pasar que a menudo nos juzgamos por sentir lo que sentimos. Tratamos de ahogarlo, suprimirlo, ignorarlo. Y esto, simplemente, no es posible. Ahora bien, ¿qué pasa si reprimimos las emociones?

3. ¿Qué pasa cuando se reprimen las emociones?

¿Alguna vez has tratado de bloquear lo que sientes? ¿O sentir que no tienes suficientes motivos como para sentirte “mal” o triste?

Puede suceder que creamos de que para estar bien, sea necesario no sentir tristeza u otra emoción “negativa” en ningún momento, que ser feliz implica estar constantemente experimentando las emociones más agradables. El hecho es que esto no es así, ya que somos humanos y podemos sentir muchas emociones dentro del día a día, incluída la tristeza, la rabia, el miedo.

Reprimir las emociones que nos generan incomodidad, no hace que desaparezcan sino que, al guardarlas, es probable que se hagan más intensas. Toda emoción es fundamental para nuestra seguridad y bienestar, todas están bien y las necesitamos. Pero estamos acostumbrados a considerar como negativas algunas emociones, no solo porque perturban nuestra quietud, sino también porque la sociedad les atribuye un valor moral que las marca como reprobables. Un ejemplo de ellas son la ira, la tristeza, los celos, la culpa.

Podemos decir entonces que la represión emocional es el hábito de invalidar, ocultar o negar cualquier tipo de emoción que surja naturalmente, de manera cotidiana. Ello puede terminar afectándonos, y se manifiesta de diversas maneras.

A menudo, la represión emocional termina haciéndose evidente a partir de síntomas físicos. Como por ejemplo: el intestino revuelto por miedo o estrés, tensión corporal en cualquier área del cuerpo, disminución de las defensas, o dolor de estómago. También puede suceder que, al reprimir lo que sentimos, nos encontremos más irascibles, generando desajustes emocionales, respuestas “explosivas” o cambios de carácter.

Es por ello, que es preciso reconocer, y escuchar aquello que sentimos, porque al no hacerlo, en lugar de hacernos un bien, nos puede generar malestar, tanto físico como emocional. Es importante entonces, permitirse sentir, y abrazar cada emoción que llegue.

4. Permitirse sentir es autocuidado

Dentro de nuestra terapia amable, trabajamos sobre el autocuidado, y en él influye el permitirse sentir y reconocer las emociones para poder gestionarlas de un modo amable y respetuoso para una misma. Es cierto que ello no es una tarea fácil, y que no suele ser algo que se enseñe a menudo, pero no por ello deja de ser importante.

Permitirse sentir es también permitirse ahondar más en nuestro mundo interior, y actuar desde un lugar auténtico y real, estando las personas más conectadas con cómo nos sentimos. Escuchar las emociones, saber prestarles atención nos posibilita indagar qué hay detrás de ellas y así indicarnos el camino.

Las emociones son una especie de brújula en nuestro día a día. Puede suceder que nos veamos inmersos dentro de la rutina, del ajetreo del día a día, y ello nos impida preguntarnos “¿Qué estoy sintiendo en este momento?”. Así, nos vamos desconectando de nosotros mismos, y también de lo que nos rodea, ya que ignoramos qué queremos o necesitamos, actuando más por inercia.

Es por ello que parte de cuidarse, es hacer una pausa en el día, para frenar e indagar hacia el interior, viendo qué sentimos. Así, observamos, sentimos y luego podemos expresar aquellas emociones.

Sabemos que la autoobservación, la introspección no siempre es fácil, y no acostumbramos a hacerlo. Por ello, acompañamos tanto en nuestra Terapia Amable (individualmente) como en nuestro Gimnasio Emocional de María (grupal), a quien necesita ese apoyo cálido y reconfortante en el camino. No obstante, dado nuestro enfoque pedagógico (práctico) y que nos estás leyendo y queremos serte útil, queremos proponerte un ejercicio a continuación.

5. Realizar un diario emocional pedagógico

A menudo es más fácil ignorar lo que sentimos porque puede ser incómodo, y escuchar las emociones puede ser desafiante si no acostumbramos a hacerlo. Pero no te preocupes, a muchas personas les sucede de igual manera y es posible ir trabajando pasito a pasito, para incorporar como hábito de autocuidado el permitirse sentir, escuchar y abrazar las emociones.

Un ejercicio que solemos realizar junto a personas que nos acompañan tanto en la Terapia Amable como en el Gimnasio Emocional, es el hábito del diario emocional. ¿Y a qué nos referimos con ello?

El diario emocional es una herramienta que nos permite explorar, observar y comprender nuestras emociones. Ello nos facilita a la hora de tomar decisiones informadas y ayuda a promover el bienestar.

Para él, nos tomaremos un momentito en el día, nos acomodaremos en un lugar que nos brinde calma y nos permita la introspección. Comenzaremos pensando en el día, centrándonos en ese momento. Y desde allí, nos podemos preguntar ¿Cómo me estoy sintiendo? ¿Qué emoción percibo?

Puede ser que, si estamos un tanto desconectados de nuestro interior, al comienzo resulte desafiante, y nos cueste identificar precisamente la emoción. Si es así, puedes comenzar describiendo lo que sientes, lo que manifiesta el cuerpo, como por ejemplo un nudo en la garganta, o mayor agitación en la respiración.

Este ejercicio, nos permitirá fortalecer el autoconocimiento, así como la gestión emocional, la expresión de lo que sentimos y la autovalidación. Todas las emociones son igual de valiosas y válidas, tanto la alegría, calma, y cariño, así como la tristeza, el miedo, o el asco.

Y tú, también eres una persona importante, válida, valiosa y digna. Escucharte y abrazar lo que sientes es una parte esencial de cuidarte.

¿Te animas a intentar llevar tu propio diario emocional?
Puedes escribirnos debajo en los comentarios qué has aprendido en este artículo, y comentarnos si realizarás el diario emocional . Te leeremos con calma y cariño.

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