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Despersonalización vs. Desrealización: dos experiencias muy diferentes

Las experiencias adversas, o difíciles, a lo largo de la vida son, por desgracia, comunes. Algunas de estas circunstancias son procesadas de forma adaptativa y saludable, pero otras se quedan en forma de herida emocional, inseguridades o ansiedad. La ansiedad que nace de este aprendizaje emocional suele ser una adaptación que nos permite sobrevivir en un entorno cambiante y por momentos peligroso. Es por este motivo que suelo llamarla ansiedad postraumática.

Esta ansiedad puede expresarse de muchas formas somáticas, como dolor de cabeza o de estómago, bucles de pensamiento, bostezos, taquicardias, hiperventilación y dificultad para respirar con normalidad… Pero, además de estas formas somáticas, la ansiedad también puede manifestarse en sensaciones perceptivas de división, las cuales generan confusión y malestar emocional. Este es el caso la despersonalización y la desrealización.

¿Qué tienen en común estas dos expresiones de ansiedad? Primero, que la persona es consciente de lo ilógico o extraño de lo que le ocurre; segundo, que no son un trastorno o una enfermedad mental; y tercero, que es muy difícil que una persona o profesional entienda realmente esta expresión de la ansiedad sin haberlo experimentado. De hecho, es común escuchar a muchos divulgadores decir “los pacientes suelen describirlo como…” precisamente por este motivo.

Ahora bien, ¿qué diferencia hay, realmente, entre la despersonalización y la desrealización? Eso es lo que voy a tratar en este artículo.

Despersonalización

La despersonalización es, probablemente, el más conocido de estos dos fenómenos. Cuando sufrimos despersonalización, tenemos la sensación y percepción de que nos salimos de nuestro cuerpo y nos observamos desde fuera. Durante la experiencia de esta expresión de ansiedad, somos totalmente conscientes de que esa persona que vemos somos nosotros, dónde estamos y con quién.

He de reconocer que solo he vivido esta experiencia una vez, hace muchos años, cuando sufría acoso escolar. Me ocurrió durante una experiencia vitalmente estresante pero no lo viví como secuela postraumática. Sin embargo, esa vez la recuerdo con la suficiente claridad como para entender el agobio y la impotencia que siente quien lo vive de forma esporádica, en cualquier lugar o momento sin poder evitarlo, en la edad adulta.

La persona que tiene episodios de despersonalización en contextos ya no traumáticos puede llegar a pensar que está perdiendo la cordura. Sin embargo, no es más que una forma del cuerpo y de la mente de afrontar algo que considera peligroso o amenazante. Normalmente, la primera vez que aparece la despersonalización es en situaciones de mucho estrés o sufrimiento emocional. Luego, puede aparecer en cualquier momento que el cerebro perciba una sensación similar como una forma de proteger a la persona.

¿Por qué aparece la despersonalización, normalmente, ante situaciones que percibimos estresantes o amenazantes? Porque si estamos fuera de nosotros, lo que nos ocurra es como si no nos ocurriera exactamente a nosotros. Podemos, de hecho, llegar a disociar esa experiencia y tener dudas, a la larga, de si aquello nos ocurrió realmente o no a nosotros.

Cuando la despersonalización sucede en situaciones no traumáticas, la sensación no es de alivio sino de angustia, ya que se percibe incontrolable. Puede ocurrir en cualquier momento y lugar, sin que sepamos identificar cómo. Esto hace que se viva con verdadera frustración e impotencia.

Desrealización

La desrealización es una expresión de ansiedad menos conocida y que a menudo se confunde con la que acabo de explicar. Sin embargo, son vivencias completamente diferentes para quien las experimenta. Es por ello que escribo este artículo, porque considero importante que conozcamos los matices de nuestras vivencias emocionales para conocernos mejor a nosotros mismos.

Muy bien, entonces, ¿qué es la desrealización? Es la intensa sensación de irrealidad, de estar viviendo en una ensoñación. El mundo que nos rodea es percibido como extraño e irreal, como si no existiera del todo. Nos cuesta, en el proceso, conectar con las personas, los sucesos, los objetos y la vida en sí. Y la dimensión más desagradable de esta experiencia es la dificultad, plenamente consciente, para distinguir con claridad lo que es real de lo que no lo es.

Este fenómeno nos impide emocionarnos como lo haríamos normalmente, lo cual hace que el mundo se perciba ajeno, extraño y carente de vida real. ¿Cuándo es real una persona, una relación o algo que estoy viviendo? ¿Es de verdad esta conversación que estoy teniendo? Sé que estas personas existen, pero, entonces, ¿por qué los percibo como en una ensoñación lejana e irreal?

La desrealización, a diferencia de la despersonalización, aparece y se va afianzando gradualmente. No es algo repentino que luego se diluye y reaparece, sino más bien algo que permanece cada vez de forma más presente e intensa. Yo, por ejemplo, empecé con la sensación de extrañeza en un momento dado y no fue hasta un año o dos después cuando realmente empecé a pensar que estaba perdiendo la cabeza. Pero no. No es un trastorno o enfermedad mental, como hemos dicho al inicio de este artículo. Es, simplemente, una forma de expresión de ansiedad que nos avisa de que tenemos que atendernos y reconectar con nosotros mismos.

Y eso hice para superarlo. Sentirnos seguros en nuestro entorno y relaciones, en el mundo y con nosotros mismos nos permite reconectar de nuevo. Para conseguirlo, eché mano de mis propios recursos y pedí ayuda adicional a una colega profesional que trabaja con el mismo enfoque psicoeducativo e integrador que yo.

Qué puedo hacer si experimento despersonalización o desrealización

En primer lugar, pedir ayuda profesional. Estas expresiones de ansiedad aparecen para protegernos de algo que percibimos amenazante y es muy liberador identificar el detonante. En terapia podemos aprender aceptar nuestra forma de afrontamiento, de manera que el miedo no alimente esta división interna del “yo” (despersonalización) o del mundo que nos rodea (desrealización). El objetivo final es aprender a sentirnos seguros conectando e integrando todo ello.

Algunos consejos generales pero prácticos que pueden ser útiles también son: llevar un diario, practicar una afición personal, compartir tiempo con nuestros seres queridos, hacer algo de ejercicio físico, cuidar nuestro entorno, relaciones y trabajo. Evitar el aislamiento, así como procurar no caer en patrones de descuido personal u obsesivos, también es algo útil. Del mismo modo, llevar un objeto que podamos tocar, pesar, explorar para conectar a través del tacto a veces ayuda de forma añadida en este proceso.

Normalmente, lo que necesitamos es sentirnos en armonía con nosotros mismos y con nuestro entorno, y eso a veces se consigue con pequeños gestos de autocuidado y, otras, sanando heridas emocionales del pasado. Esto requiere que nos hagamos conscientes de lo que nos ocurre, el por qué y cómo atendernos en esa experiencia. Espero que, si tú o un familiar vive alguno de estos dos fenómenos, este artículo os aporte un poco de claridad al respecto.

¿Te sientes identificado o identificada con alguna de estas experiencias? Si es así, te animo a compartir tu experiencia en los comentarios. Y, si no, también. ¡Me gusta leeros!

Por supuesto, si quieres que te acompañe en el proceso de conectar de nuevo contigo y con tu entorno, te espero con calidez y respeto en mi consulta online.

¿Cómo estás?

Soy María

Doctora en psicología y pedagoga terapeuta (col. nº1433 en COPYPCV) especializada en gestión emocional y procesos de superación personal. Compagino mi consulta online con la investigación científica en emociones, ansiedad, bullying y sus secuelas.

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