¿Te suele pasar que agarras el teléfono móvil sin motivo aparente, sólo por revisarlo? ¿Interrumpes tus actividades para entrar en redes sociales? ¿Te cuesta focalizar tu atención en el trabajo? Esto le pasa a muchas personas con el fácil y común acceso a las tecnologías en nuestra vida laboral y personal.

Hoy en día, es común escuchar que estamos muy conectadas. A través de la tecnología podemos llegar a conectarnos con quienes están lejos, con lugares que aún no conocemos, con noticias de cualquier parte del mundo. La información que tenemos al alcance es ilimitada, lo cual nos ayuda en ciertos momentos, ya que nos permite estar informadas y conocer sobre aquello que queremos saber.

El desafío se halla en que podemos recibir mucha más información de la que somos capaces de procesar. Con ello, podría llegarse a una sobreestimulación constante que nos vaya afectando en la calidad de vida, algo que algunas personas han empezado a llamar «infoxicación». Lo vemos a menudo en nuestras sesiones individuales de terapia amable. ¿Te identificas de algún modo? 

Infoxicación: sobreinformación y sobreestimulación

Al recibir tanta información, nuestro cerebro se va enfocando en varias cosas a la vez, lo que hace que sea más difícil focalizar la atención, descansar la mente, y conectarnos con lo que ocurre realmente en el entorno y en nuestro interior. Como dice Herbert A. Simon «la abundancia de la información [puede] da lugar a la pobreza de la atención».

La influencia de la tecnología en nuestro bienestar emocional

A menudo escuchamos que las nuevas tecnologías juegan un rol importante en el aumento de los niveles de estrés y ansiedad que experimentamos las personas. Esto ocurre, en parte, por la presión que puede exigir el entorno por estar actualizadas, tanto en manejar las tecnologías como en saber lo que ocurre en cada lugar. No queremos perdernos, desconectarnos.

Así también ocurre que, por el uso de las tecnologías, la línea que separa la vida personal de la laboral puede verse más difusa. Lo vemos especialmente en quien utiliza los mismos dispositivos para trabajo y vida personal y se encuentra en entornos que no respetan ese espacio necesario de descanso. Esto genera que no se pueda desconectar del todo del trabajo, aun cuando se está fuera de él.

Además, dentro del horario de trabajo, las personas ven interrumpidas sus labores al menos tres veces en cada hora por algún tipo de sistema tecnológico, según dice Brillhart. Esto puede resultar abrumador, ya que no solo se tiene en la mente las tareas pendientes, sino también mucha información extra que tal vez no se necesita en el momento. Si eres una persona emprendedora, notarás esto en los mensajes que recibes, ya sea por correo electrónico o por alguna vía privada en redes sociales. Si formas parte de un equipo o empresa, lo notarás tal vez por llamadas o por las mismas vías que mencionamos previamente.

Redes sociales y vida privada

Lo mismo ocurre con las redes sociales en nuestra vida privada. Las personas podemos llegar a estar tan pendientes de lo que ocurre allí, como por ejemplo de la vida de los demás, que fácilmente caemos en la comparación e insatisfacción emocional. El paso previo a ese sentimiento es justo tener la mente en otro lugar y no conectar con lo que se está viviendo; entonces aparece la sensación de que “no es suficiente”. Pensamientos como “debería viajar más, conocer más lugares”, “podría estar haciendo esta actividad”, “necesito comprarme esto”, “quiero ser como esta persona y vivir más feliz”. Hay una sobre exposición a aquello que se “podría” ser o tener, y ello puede generar también un sentimiento de baja realización personal.

Si te apetece compartir con nosotras tu experiencia en este sentido, puedes hacerlo en los comentarios, más abajo, al final de este artículo. Te leeremos con cariño. A continuación, tras hablar de sobreestimulación, hablemos de dependencia a las nuevas, o ya no tan nuevas, tecnologías.

Dependencia de las tecnologías: qué es

Como sabemos, el protagonismo de las tecnologías ha aumentado en los últimos años, llegando a tener acceso a ellas la mayoría de las personas. Con ello, han mejorado aspectos de la vida diaria, tanto en relación a la comunicación, como también en el apoyo de los aprendizajes y en optimizar el tiempo en tareas cotidianas. Agiliza procesos y permite la conexión entre personas y equipos independientemente del lugar geográfico en el que se encuentren, lo cual implica una oportunidad maravillosa de ampliar nuestro conocimiento, conexión y aprendizajes.

Ahora bien, del mismo modo que podemos recibir excesiva información, las personas mismas podemos hacer un uso inadecuado y desmesurado de estas tecnologías. Ocurre si nuestro comportamiento y uso de estos dispositivos es por inercia y no deliberado y consciente, como también sucedía cuando aparecieron las primeras consolas y juegos de ordenador. Nos ayuda a evadirnos pero no siempre notamos si nos genera bienestar o malestar. Este uso acelerado a inconsciente, como dijimos anteriormente, puede generar estrés y ansiedad. 

¿Cuándo podríamos decir que estamos, tal vez, desarrollando cierto comportamiento dependiente? Si el apego es más fuerte que nuestra voluntad, es aconsejable pedir ayuda. Lo notaremos cuando, por alguna razón, no podemos usar esos dispositivos y nuestra mente se inquieta o distrae, también si nuestro cuerpo se muestra tenso. Concretemos, no obstante, un poquito más.

Cómo identificar la dependencia a las tecnologías o redes sociales

Podemos notar esta dependencia de las tecnologías en varios aspectos de la vida diaria. Entre ellos:

  • Incremento del tiempo que invertimos en nuestro día a día en los dispositivos tecnológicos.
  • Reducción de horas de sueño o calidad del descanso.
  • Sentimiento de apego o necesidad de revisar contenido para mantenernos actualizadas.
  • Inquietud, frustración o similar en función de las interacciones sociales en redes sociales en nuestras publicaciones.
  • Estrés ante la idea de no tener acceso a esos contenidos o cuando, en la práctica, no podemos acceder a ellos.
  • Desconexión y aislamiento social, sensación de insatisfacción personal, incomprensión, desarraigo y soledad.
  • Autopercepción de incapacidad de realizar actividades, gestiones diarias o pasar el día sin esas tecnologías, esa información o esas redes sociales.

Nos gustaría que detuvieras la lectura un momento y reflexionaras sobre cada uno de estos puntos. Si te reflejas en ellos, empieza por proponerte pequeñas metas y cambios de autocuidado, invirtiendo tiempo en aquello que sirva en tu bienestar emocional y crecimiento personal. A continuación, veamos cómo hacerlo.

Cómo cuidarnos frente a las tecnologías

Todos aquellos síntomas que hemos visto van generando consecuencias en la calidad de vida de cada persona. Se produce un distanciamiento, se dejan de lado las conexiones sociales, se disminuyen las horas dedicadas a hábitos saludables diarios, se dificulta la concentración, y sobre todo, se genera una desconexión del entorno, de la situación que se va viviendo, tanto alrededor como lo que ocurre en nuestro interior.

Por ello, es importante disminuir el tiempo de uso de los aparatos tecnológicos, utilizándolos para actividades concretas, conscientes y deliberadas; respetar el tiempo de actividades diarias de ocio personal; realizar actividades al aire libre; y, especialmente, dedicarse momentos concretos a conectar con el presente, la belleza, la gratitud, como abordaremos en el próximo taller de nuestro Gimnasio Emocional.

Las personas no estamos acostumbradas a hacerlo, ya que muchas veces nuestro cuerpo está realmente presente, pero nuestra mente está dividida, intentando ser “multitarea”. Es por ello que puede resultar desafiante e incómodo en principio, y es natural que así lo sea. Pero lo importante es ir paso a paso, buscando pequeños momentos que de a poco se irán haciendo más habituales para estar presentes, ser, conectar, vivir.

Brindarse momentos de conexión con el presente

La clave está en encontrar la mejor manera, para una misma, de hacerlo. No a todas las personas les es de ayuda la misma actividad. Por ello es valioso ir buscando cada una la forma más adecuada de conectarse con el momento, y llegar con ello a conectarse también con lo que uno siente. Dado que nuestro enfoque es pedagógico, es decir, práctico y amable, queremos compartir hoy algunas opciones a tener en cuenta para aplicar esa conexión con el presente, en forma de vídeo:

Descubre cómo relajarte en 20 minutos

¿Te sientes estresada, agobiada o angustiada? ¿La incertidumbre te puede? ¿Te cuesta gestionar tus emociones? ¿Tienes dificultades para concentrarte en tus tareas diarias? ¿Tienes un torbellino en la cabeza que parece interminable? 

He preparado esta sesión de relajación guiada porque quiero que relajes tus emociones, cuerpo y pensamientos, y seas más dueña de tu estado emocional, reacciones y decisiones. 

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