Seguro que esta situación e inquietud te suena de algo, ya sea porque la has vivido por ti misma o porque se la has escuchado a alguien que conoces. «Mi pareja amenaza con abandonar la relación cada dos por tres, ¿qué puedo hacer?». Bien, en este artículo te desvelo qué hay detrás de esa amenaza de abandono y qué puedes hacer al respecto. ¿Me acompañas?

La amenaza de abandono es una agresión psicológica. Hablé sobre ello en el vídeo Las palabras duelen. Tiene el efecto de hacer sentir a la víctima de la agresión que no es suficiente, válida ni digna. ¿Por qué? Porque estoy contigo porque «yo» decido y tú deberías estar agradecida. Se trata de un pensamiento narcisista que, de ningún modo, se basa en el respeto o el amor hacia la otra persona.

Esto es válido también para cuando la persona que agrede de esta forma es un familiar, como una madre o un padre. O la chica o el chico popular de la clase o del trabajo. O tu jefe/a. En cualquiera de estos casos, el mensaje es el mismo: no eres suficiente, válida ni digna, deberías agradecerme lo que hago por ti. Es como si fuera un sacrificio o un favor el hecho de estar contigo, de tenerte allí.

Se trata, por tanto, de una relación abusiva. Una relación en la que una de las partes abusa de su poder social, emocional, intelectual o jerárquico para dañar la integridad de la otra persona. Las amenazas de abandono o de cualquier otro tipo son agresiones. Por tanto, cuando nos preguntamos «qué hacer» debemos abordarlo desde esa perspectiva. Y, para ello, nos toca hablar de emociones.

1) La ira nos llama a la defensa

Todas las personas nos hemos sentido enfadadas en algún momento, o muchas veces, y sabemos que no es una emoción placentera. La ira surge como respuesta a dos tipos de situaciones distintas: cuando alguien nos perjudica de algún modo y cuando una persona importante para nosotras sufre. La ira es una emoción funcional, nos sirve para identificar esta circunstancias y actuar en consecuencia. ¿Cómo? De dos formas:

  • Defendiendo los derechos propios o ajenos.
  • Expresando, compartiendo y afrontando un problema.

Por ejemplo: una persona nos amenaza. Es una agresión. Nosotras expresamos nuestra disconformidad y tomamos una decisión respetuosa con nosotras mismas. O por ejemplo, decirle a esa persona que si quiere irse, puede irse, del mismo modo que tú te irás cuando quieras hacerlo. Ninguno de los dos tiene la obligación de permanecer en una relación, y menos en una donde solo se es feliz cuando las cosas van bien.

2) La tristeza nos llama a conectarnos

La tristeza es una emoción básica que todas las personas experimentamos. Está asociada a conductas internalizantes y puede ir acompañada de sentimientos de desesperación, vergüenza, culpabilidad, frustración e impotencia. Es una emoción necesaria e inevitable, la cual determina nuestra estrategia de afrontamiento, rendimiento y probabilidad de éxito en un objetivo personal o académico. El duelo y la resiliencia también son términos relacionados con la tristeza.

Aparece para invitarnos al desahogo, al consuelo y a la conexión con otras personas. Por ejemplo, si en el caso de esa persona que te amenaza, el enfado puede ayudarte a dejar esa relación abusiva, pero luego es natural sentir tristeza. Esa pérdida de expectativas, ese cambio. La tristeza te ayuda, en este caso, a vincularte con amigos o amigas que te aprecian y respetan.

A menudo reaccionamos regresando a la persona que nos ha hecho daño, y eso es señal de que no estamos gestionando de un modo saludable esta emoción. Si es lo que te pasa, pide ayuda. Mereces respeto, también de ti misma, corazón.

3) El miedo nos quiere proteger

El miedo es una emoción funcional, adaptativa y necesaria para la supervivencia. Nos alerta, activa y moviliza psicológicamente y fisiológicamente ante un peligro que amenace nuestra integridad física o moral.

En este caso, sería natural tener miedo de que la agresión se repita, se prolongue o se agrave. Y sería una gestión adecuada de ese miedo tomar decisiones y acciones que te protejan de ese peligro basado en una situación real.

Sin embargo, si el miedo se dirige a «me voy a quedar sola», «nadie me va a querer», estamos distorsionando la función del miedo, que es protegernos. Estamos convirtiendo al miedo en un límite para nuestro propio bienestar y protección.

En conclusión

Por tanto, si alguien te amenaza con abandonar la relación una y otra vez, te está agrediendo. Es natural que el enfado te haga defenderte, que el miedo te ayude a abandonar la relación y que la tristeza te una a las personas que sí te respetan. Lo contrario, es señal de que no se está gestionando la situación, o las emociones asociadas, del modo más saludable.

Cuidemos nuestras emociones y cuidémonos nosotras a través de ellas. Si no podemos, permitamos que alguien nos enseñe cómo hacerlo.

¿Qué te parece si me cuentas qué tal te cuidas emocionalmente? Responde en los comentarios y comparte este artículo en tus redes sociales. ¡También con aquellas personas que sientas que puedan beneficiarse de esta información!

×