¿Por qué digo que voy a hacer algo y no lo hago? ¿Por qué me cuesta tanto hacer mis cosas? ¿Por qué me cuesta tanto hacer lo que me propongo? Estas preguntas son muy habituales entre las personas que desean hacer algo pero les cuesta ponerse a ello, o lo dejan a medias y no terminan lo que se habían propuesto. Una duda que a menudo se acompaña de una autocrítica excesiva y de sentimientos de frustración e infelicidad. ¿Te identificas?

Hoy abordamos el concepto perfeccionismo procrastinador. Se trata de la convergencia de dos realidades que entorpecen nuestro día a día y felicidad: el perfeccionismo (del que ya hablamos en este artículo, ¿Qué es el perfeccionismo? 10 ejemplos) y la procrastinación, que es la dificultad para comenzar o concluir tareas que necesitamos o queremos realizar. Como resultado, es más fácil sentir que estamos estancados, frustrados o agotados emocionalmente.

1. La autoexigencia de fondo ¿qué provoca?

El perfeccionismo, como su propio nombre indica, persigue “lo perfecto”: el momento justo, la ejecución impecable, la ausencia de errores, el progreso sin tropezones, lo imposible. Este ideal de perfección es inalcanzable. Va mucho más allá de la «calidad».

Ante el pánico a no lograr ese ideal y estando inmersos en una dinámica de perfeccionismo procrastinador, tendemos a gestionarlo de forma impulsiva u obsesiva en lugar de sana y consciente. Una especie de “tengo que tenerlo bajo control ahora mismo” que nos mueve en nuestras motivaciones y desmotivaciones. 

Lo que sucede generalmente en el ser humano procrastinador perfeccionista, es que, a la hora de sacar adelante una misión (tarea, objetivo), sus estándares son tan difíciles de satisfacer que dejan la misión inconclusa, si es que llegan a empezarla. Son demasiado exigentes consigo mismos, tanto que la idea de cumplir con tales exigencias les genera sufrimiento emocional.

2. ¿Que hay detrás de una persona perfeccionista?

Existen situaciones, actitudes y comportamientos que nos sirven de señales de alerta para identificar si estamos cayendo en el perfeccionismo procrastinador. Hagamos una pequeña autoexploración para comprobar si es tu caso:

¿Te ha pasado que…

– …surge un imprevisto a primera hora de la mañana y toda la lista de tareas que hacer para hoy las cancelas?

Cuando estamos inmersos en una dinámica de perfeccionismo procrastinador, no pensamos en la utilidad de hacer una pausa, organizarnos y priorizar. Por el contrario, actuamos de forma más bien reactiva, impulsiva y obsesiva.

Precisamente por esta reacción emocional y conductual, tendemos a preferir centrarnos en una sola tarea, la cual asumimos como “muy urgente”, y poder dedicarnos a ello al 100%  y hacerlo sin interrupción. 

– …tienes 15 minutos para invertirlos en una actividad y los desprecias?

Para el ser humano perfeccionista procrastinador se convierte en una necesidad disponer de tiempo de sobra para poder abordar una tarea compleja. Si bien con cinco minutos podría, al menos, comenzarse dicha tarea, lo que haremos será despreciar esa posibilidad y caer en la queja de “es que no tengo tiempo”. 

– …dejas de atender otras prioridades, por entretenerte en detalles insignificantes de la tarea que se supone que ya has terminado?

Cuando el perfeccionismo procrastinador se ha convertido en un hábito, es fácil que el estrés nos haga estancarnos en tareas que ya hemos terminado. ¿Cómo? Revisando y corrigiendo la tarea de manera repetida e innecesaria, invirtiendo un tiempo que es valioso en algo que es poco productivo y placentero. La motivación para este comportamiento suele ser el sentimiento de inseguridad que suele acompañar a este fenómeno de perfeccionismo procrastinador.

– …pospones el momento de realizar actividades porque las circunstancias no son las ideales?. Ej. dejar de fumar, ordenar el armario, pintar la casa.

Muchas veces lo que se esconde detrás de este perfeccionismo procrastinador es el miedo. Miedo a cometer errores, miedo a que el resultado no sea lo suficientemente bueno, miedo a la crítica, miedo a no ver el progreso, miedo al cambio, miedo al fracaso, miedo al éxito, miedo a decepcionar a otras personas…

(Pronto realizaremos un taller sobre cómo afrontar el miedo al fracaso para ser feliz. Si quieres estar al tanto de ello y recibir consejos de autocuidado emocional de Oriéntate con María, apúntate a nuestra lista de correo más abajo, al final de este artículo.)

3. «¿Cómo obligarme a hacer las cosas?»

Más que obligarte, se trata de ayudarte a hacer esas tareas que te cuesta comenzar, terminar o disfrutar. Para echarte una mano con ello, aquí van unos tips para combatir el perfeccionismo procrastinador:

– Prioriza tus tareas pendientes

Estamos convencidas de que haces muchas cosas a lo largo del día, pero seguro que no todas requieren el mismo esmero por tu parte. Unas necesitarán bastante dedicación; y otras, será suficiente con que queden hechas. No todas las tareas son igual de urgentes o importantes. ¡Organízate teniendo esto en cuenta!

– Divide la tarea que tiendes a procrastinar

Para evitar atascarse en detalles, es muy útil secuenciar en pasos pequeños, o micro-objetivos, las tareas que puedas. Así te mueves más fácilmente de un paso a otro, puedes ir tachando la lista de una check-list más fácilmente y dejas la revisión completa para el final.

– Separa el resultado de tu persona

No dejes que te definan tus fracasos, tus problemas o tus éxitos. Una persona es más que todo eso; tú, también. Trata de mantener unas expectativas razonables, teniendo en cuenta tus capacidades, tus circunstancias personales, la influencia del entorno, etc. Y recuerda: ¡eres suficiente! No necesitas demostrarlo para serlo: ya lo eres.

– Ponte límites: fija un tiempo para terminar

Ponte límites. Abandona los milimétricos detalles que no te permiten dar por zanjada una actividad. Para ello, fíjate un tiempo para terminar la tarea, haz tu mejor esfuerzo y trata de que quede suficientemente bien. Con eso basta. Recuerda que más vale hecho, que perfecto.

– Cuida las demás áreas de tu vida

Es común que las personas con tendencia al perfeccionismo acumulen estrés. Entre otras cosas, porque la realidad es imperfecta. Si quieres aligerar tu vida de tensiones innecesarias, practica con frecuencia actividades con las que suelas relajarte (pasear, leer, meditar, cantar…).

También es común que las personas perfeccionistas mantengan un alto nivel de autoexigencia incluso en sus hobbies y actividades placenteras. ¿Te ocurre esto? En ese caso, ve pensando en el próximo buen momento que te vas a regalar y disfrútalo sin presionarte.

Si sientes que necesitas una ayuda más específica que la que ofrece este artículo, podemos ayudarte tanto en nuestras sesiones individuales como en el Gimnasio Emocional de María. 

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