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Cuando iniciamos un trabajo, ya sea por cuenta ajena o un emprendimiento, lo hacemos con amor, pasión e ilusión. En cambio, la rutina de atención y rendimiento sostenida en el tiempo en las jornadas habituales pueden derivar en agotamiento. Y que, ciertamente, ocho horas laborales al día más los desplazamientos permiten poca flexibilidad y tiempo libre de calidad. Eso, por mucha vocación que tengamos, fácilmente derivará en estrés. ¿Qué hago si mi trabajo me estresa? ¿Qué hago para prevenir el Síndrome de Burnout? Es una buena pregunta a abordar desde el autocuidado emocional y la pedagogía del bienestar y la salud mental.

El estrés es nuestra reacción ante un desafío o cambio que afecta a nuestra rutina laboral, a nuestro trabajo, ya sea en las funciones que desempeñamos, en los horarios o en cualquier otra cuestión relevante. Aparece cuando sentimos que se nos exige más de lo que podemos dar, cuando sentimos, de algún modo, que no tenemos los recursos para satisfacer las exigencias de nuestro trabajo. En cambio, no aparece de repente, sino de manera gradual, por fases, y hay señales de alarma que podemos identificar para prevenirlo o para cuidarnos mejor ante ese estrés.

¿Cómo se siente una persona con estrés laboral? Señales de alerta en el trabajo

El estrés aparece, como hemos explicado, ante un cambio o desafío frente al que no sentimos que tengamos los recursos necesarios. Está, por ello, en muchas ocasiones relacionado con la adaptación a estímulos externos que son percibidos como peligrosos o desagradables. Una adaptación no cuidada por el entorno y por la persona, porque, como vemos a menudo en nuestras sesiones individuales nadie nos enseña cómo hacerlo. De hecho, alrededor de un 51% de las personas en Europa experimentan estrés laboral, lo cual representa prácticamente la mitad de la población.

Para identificar las señales de alarma o alerta, hemos de conocer las fases del estrés y cómo vivimos cada una de ellas. ¿Empezamos?

1. Estado de alarma o alerta

La primera etapa del estrés laboral es la alarma. Un estado de alerta mental y emocional que nos hace tener tendencia al ataque o a la huída, las acciones propias del miedo y la supervivencia. Es fácil que empecemos a estar más irascibles, que nos fijemos en pequeños detalles que nos abrumen y sean motivo de crispación o queja…

2. Resistencia no es resiliencia

En la segunda etapa aprendemos a resistir. Reparamos internamente lo que ocurre para seguir adelante en el entorno laboral, pero a veces no se soluciona el problema en sí o lo hacemos invalidando nuestro propio mundo emocional. Entonces, el estrés continúa, sigue apareciendo, y pasamos por altibajos en el estado de ánimo de forma recurrente en el tiempo.

3. Agotamiento o Síndrome de Burnout

Y si no se resuelve, alcanzamos la tercera etapa: el agotamiento o síndrome de Burnout. Nos hemos quedado sin energía y motivación, empezamos a tener que esforzarnos por hacer tareas cotidianas y sacar adelante proyectos que antes nos llenaban de pasión. Aparecen también somatizaciones en el estado de ánimo, es decir, reflejos en el cuerpo de lo que sentimos intensamente: dolores de cabeza, diarreas, molestias de espalda…

¿Reconoces en ti alguna de estas señales? En ese caso, es probable que estén ocurriendo uno de estos dos factores, o ambos: la práctica del autocuidado es mejorable; la comunicación y punto de encuentro para lograr el equilibrio en el entorno laboral y personal no es más adecuado. ¿Identificas lo que puede estar sucediendo en tu caso? (Puedes compartirlo con nosotras en los comentarios de este artículo, más abajo.)

¿Por qué mi trabajo me genera estrés o ansiedad?

El estrés es una emoción asociada al miedo y a la supervivencia, por lo que es tanto emocional como contextual. La ansiedad, es la expresión de ese estrés en el cuerpo y se convierte, también, en algo anticipatorio, por eso se transfiere a otras áreas de la vida. Veamos algunos elementos principales que derivan en estrés o ansiedad laboral:

1. El desempeño profesional

Cuando el trabajo tiene un alto grado de dificultad, una gran demanda de atención o responsabilidad y al mismo tiempo no contamos con espacio para la iniciativa y creatividad, el propio plan de vida laboral dentro de la empresa o sus proyectos va desvaneciéndose. Eso repercute en el desempeño profesional y en el rendimiento.

2. La gestión directiva por parte de la empresa

Un liderazgo inadecuado, no aprovechar adecuadamente las habilidades y talentos de la persona trabajadora, falta de motivación o refuerzo positivo, ausencia de pautas, correcciones, capacitación o desarrollo del personal… Todo eso también repercute en el bienestar o malestar laboral, al igual que la presencia o no de incentivos y si hay o no una remuneración justa o equitativa.

3. Acoso laboral

Obviamente, un entorno hostil donde se coacciona a la persona trabajadora, se vierten rumores sobre ella, se la relega a puestos de menor categoría a la que le corresponden, se le exige más de lo que se le ofrece, se falta el respeto o cualquier otra situación similar, la persona va a sentir estrés, ansiedad y probablemente derive en síntomas depresivos.

4. La jornada laboral

Trabajar con rotación de turnos, en horarios no respetuosos con el cronotipo de la persona, con falta total de flexibilidad y alargando el día laboral forzosamente, también repercute negativamente en el bienestar emocional. Si además hay una actividad física importante, se atiende al público o se cuida de personas, una jornada laboral respetuosa promueve la salud mental.

Para resolverlo, es necesario identificar las causas del estrés, expresarlas entre la persona trabajadora y quien dirige el trabajo, para mostrar las posibilidades de solución y manejo adecuado del estrés. El objetivo es actuar en consecuencia y contrarrestar la deriva estresante para redirigir todo hacia un bienestar adecuado.

¿Qué puedo hacer yo con esta situación? ¿Qué depende de mí?

A menudo, puede parecer imposible cambiar la deriva a la que se dirige nuestro estado emocional o el propio contexto laboral. En cambio, normalmente tenemos margen de maniobra. A veces será suficiente, y a veces no, pero es importante tomar acción, por autocuidado conjunto. Un enfoque pedagógico o psicoeducativo a nivel emocional cumple un papel importante en su prevención y abordaje, ya que todo, incluido cómo manejarnos social y emocionalmente ante algo así, es aprendizaje:

  • Identifica los agentes causales del estrés. Revisa los desencadenantes, aquello que te pesa emocionalmente de verdad y hace que todo lo demás sea también más pesado.
  • Incorpora conductas de autocuidado en relación a la alimentación, el descanso, el ejercicio físico, el ocio personal, las relaciones, y todo aquello que contribuye a tu bienestar.
  • Practica la atención plena. Es un gesto de autocuidado tanto cuando estamos bien como cuando no, y por ello contamos con cursos y retos en nuestro Gimnasio Emocional que contribuyen a ello. No obstante, el estrés laboral fácilmente lleva a la desconexión de lo que hacemos y vivimos en el día a día, lo cual puede requerir una ayuda más individualizada.
  • Expresa aquello que te ocurre, pues solo poniendo el problema sobre la mesa puede ser solucionado. Sentirte bien en tu proyecto o empresa es algo conjunto, haz tu parte y apóyate en el resto para que haga la suya también.

Y es que en ocasiones se nos olvida que todas las personas estamos en continuo aprendizaje: quienes dirigen las empresas también. Y es posible que, simplemente, no hayan sabido ver el problema. Sabemos que hay situaciones en las que esto no es así, y hay acoso laboral, explotación u otras situaciones donde hablar no es tan fácil. En esos casos, sigue siendo importante la práctica del autocuidado para compensar lo que se vive en el trabajo, así como plantearse otras opciones (consultar con un abogado, buscar otras opciones laborales, etc.) más allá de permanecer en un lugar que nos resulta hostil.

“Me siento desconectada, en piloto automático”

La práctica del autocuidado consciente y diario es esencial para prevenir el agotamiento emocional en el trabajo. Es natural sentirnos cansadas algún día, pero no de forma recurrente, prolongada en el tiempo e incrementándose. De hecho, eso nos puede llevar, como hemos comentado, a una suerte de desconexión con nuestro día a día, motivaciones y relaciones.

Esa desconexión podemos recogerla bajo el concepto de “disociación”. Y es como si nos ocurriera algo que no terminamos de entender por qué sucede, pero notamos que estamos más bajas de ánimo, más en piloto automático, menos apasionadas por lo que hacemos. Es como si “nos apagáramos”, ¿te identificas?

Si es así, te invitamos con cariño a nuestra masterclass, gratuita y online, sobre disociación: “Esa parte de mí que no entiendo pero también es mía” (clic aquí). En ella:

  • Aprenderás a identificar las formas de disociación y sabrás ponerle nombre a lo que te ocurre.
  • Comprenderás el porqué de la disociación, lo cual te ayudará a dar un pasito adelante en la reconciliación contigo.
  • Conocerás técnicas para calmar la disociación, desde la conexión al presente y el “estar a salvo”.

Porque para conectar de nuevo con nosotras mismas, con la vida que nos rodea y lo que hacemos en nuestro día a día, no podemos invalidar lo que sentimos o hacer que no nos importe lo que nos afecta. La clave es otra: aprender a cuidarnos escuchando nuestras necesidades, comprendiendo lo que nos ocurre y adquiriendo aprendizajes de autocuidado que contribuyan a nuestro bienestar emocional.

¿Cuál ha sido tu experiencia con el estrés laboral? ¿Qué aprendizaje te llevas de lo que te hemos compartido? ¡Nos encantará leerte en los comentarios de este artículo!

Gracias por tu tiempo y por cuidarte.

¡Nos seguimos acompañando!

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