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Cuida tus emociones, cuida de ti

Relaciones y conflictos: ejercicio práctico para abordarlos

La relaciones son una dimensión esencial en la vida de los seres humanos. De hecho, todos necesitamos vincularnos, sentir que importamos, que somos apreciados, válidos y validados. Cuanto más estrecha es una relación más habitual es que tengan lugar los conflictos. Es decir, desacuerdos, malentendidos y gestos, palabras o acciones que nos duelen o generan confusión emocional. ¿Qué solemos hacer en esos casos?

En mi experiencia en mi consulta online, diría que hay 4 formas de afrontamiento, algunas más sanas que otras.

  • Evitación. En esta modalidad rehuimos el conflicto, pero lo hacemos bloqueando no solo nuestros afectos y emociones, sino también a la persona. Castigamos con el silencio, evitamos la conversación para aclarar o reparar el conflicto, e incluso nos distanciamos/rompemos la relación sin explicación.
  • Bloqueo. También implica que rehuimos del conflicto, pero esta vez intentamos ignorar lo ocurrido, reprimir nuestras emociones, encajar en la relación o en la situación sin atender aquello que nos inquieta.
  • Agresividad. Consiste en atacar a la otra persona en modo reproche, deprecio o ataque personal. Es una queja vacía, sin búsqueda de señalar el problema para que sea reparado.
  • Asertividad. Se trata de expresar cómo hemos vivido una situación, cómo nos sentimos y qué querríamos, teniendo en cuenta cómo ha vivido, cómo siente y qué necesita la otra persona.

La asertividad es la forma más sana de afrontar cualquier problema que pueda surgir en una relación. Cuando hablo de relaciones me refiero a cualquiera de ellas: pareja, familiar, amistad, trabajo… Sin embargo, no siempre resulta fácil tener la claridad emocional necesaria para aplicarla, lo cual entorpece que nuestras relaciones sean duraderas.

A continuación comparto vosotros 5 pasos que os ayudarán a expresaros emocionalmente para cuidar las relaciones que os importan, al tiempo que os cuidáis vosotros también.

1) Analiza lo ocurrido

Haz una lista o escrito sobre los hechos objetivos, conductas observables, que te han generado malestar emocional. Evita, en este ejercicio, caer en juicios o interpretaciones, reproches o expectativas (debería/no debería). Aquí lo importante es lo sucedido realmente.

Por ejemplo: “el otro día me dijiste que soy muy pesada”, “habíamos quedado para hablar y no apareciste”, “he notado que hemos pasado de quedar todas las semanas a no vernos en un mes, a pesar de que mi iniciativa sigue siendo la misma”.

Si se trata de un problema más complejo, como que alguien parece no escucharnos del todo, puede ser algo así: “has insistido en que que yo me sentía dolida por tal motivo, a pesar de que he sido muy clara desde el principio en qué me duele”.

2) Escribe cómo te sientes

Los hechos que nos importan, nos importan por los sentimos de algún modo. En este punto la clave está en identificar esas emociones y sentimientos desde el “yo” y no desde el “tú”. Desde la honestidad y no desde el reproche. ¿Cómo? Muy sencillo: me he sentido muy triste, me he sentido dolida, esto a mí me hace sentir incomprendida, despreciada o decepcionada…

Por ejemplo: que hubiéramos quedado y no aparecieras, sin avisarme, me hizo sentir triste y decepcionada. El hecho de que llevemos un mes sin hablar, de repente, porque no me respondes, me hace sentir confusa y dolida.

Estos dos ejercicios son ejercicios para nosotros mismos, para aclararnos lo sucedido y nuestras emociones. Para entendernos mejor.

3) Sintetiza y prioriza

De todo eso que hemos escrito, ¿qué es lo que sí o sí necesitaríamos aclarar o que sea reparado para sentirnos bien en la relación de nuevo? Normalmente, en medio del dolor o la confusión emocional, existe algo concreto que lo sustenta. Todo lo demás son añadidos que empeoran la situación, pero no son la raíz o la base del malestar que sentimos. Por ello, ¿qué es lo que realmente nos importa y nos duele?

Quizá sentimos que no se valora nuestro tiempo cuando alguien queda con nosotros y no aparece. Tal vez nos duele eso, sentir que nuestro tiempo no es valorado en reciprocidad dentro de la relación. Es posible que nos duela que nos hayan dicho “pesada” o “intensa” porque sintamos que invalidan un rasgo de nuestra personalidad o nuestra forma de sentir, como si estuviera mal ser como somos. Sea cual sea el motivo, encontrarlo y aclararlo es el mejor punto de partida.

Se trata, a fin de cuentas, de escucharnos a nosotros mismos. Identificar qué es lo que realmente nos pesa y necesitamos resolver, aclarar o que sea reparado para sentirnos bien en esa relación.

4) Exprésalo desde la responsabilidad afectiva

La responsabilidad afectiva es tener en cuenta que nuestras palabras, gestos y acciones (u omisiones) impactan en la otra persona. Es expresarnos con honestidad pero respetando el mundo emocional de la otra persona por educación, respeto y cortesía. Hacerlo desde el “ha pasado esto y yo me siento así” con la intención genuina de que la otra persona pueda comprendernos y que la relación pueda salir reforzada tras el conflicto, daño o malentendido.

Hemos de estar abiertos a escuchar a la otra parte. Si necesitamos aclarar algo, atender su explicación. En caso de tratarse de un daño que necesita reparación, aceptar que esa reparación sea posible. El objetivo no es discutir o reprochar, sino solucionar algo concreto que no está bien porque, al menos una de las partes, no se siente bien tras ello en la relación.

5) Acepta y decide desde el respeto

Las personas que consiguen cumplir con normalidad los puntos anteriores, suelen tener dificultades con este: aceptar y decidir desde el respeto. Aceptar que la otra persona no muestre reciprocidad, respeto o interés por la relación como nosotros. Decidir, con base en eso, si realmente es sano permanecer en esa relación del mismo modo o, quizá, sea mejor para nuestro bienestar poner distancia.

Todo esto implica aceptar, también, que a veces no quedará más remedio que cortar la relación. Si no hay comunicación, respeto y sentimiento de seguridad, difícilmente se van a solucionar los malentendidos, conflictos o heridas que puedan surgir sin querer. Que haya discordancias es inevitables, la voluntad de superarlas ha de ser, sin embargo, una decisión de ambas partes.

En caso de tomar alguna decisión de distancia o abandono de la relación, aconsejo explicar el motivo. De este modo, evitamos caer en el ghosting, una agresión psicológica muy grave que consiste en cambiar las reglas de una relación de repente, o desaparecer, sin dar ninguna explicación y sin que la otra persona pueda entender el por qué.

Cuando una relación funciona de forma sana y equilibrada, en amistad, la clave no es el destino, es la reciprocidad. Y eso aplica a relaciones de pareja, familia, amigos o compañeros.

¿Y si no sé por dónde empezar?

No te preocupes, es natural no saberlo todo. En ese caso, seamos sinceros. Digamos algo así: “no sé cómo empezar esta conversación, pero quiero comunicarme contigo porque me importas.”

La comunicación emocional y la responsabilidad afectiva son la base de nuestro bienestar social y emocional en las relaciones. Solo así, de hecho, podemos llegar a vincularnos de forma estable, sana y segura con otras personas. Y todos los seres humanos necesitamos, para nuestra mejor salud mental, esos vínculos seguros.

Y ahora te invito también a la reflexión…

  • ¿Tiendes a la evitación, bloqueo, agresividad o asertividad cuando hay un conflicto o algo que te inquieta?
  • ¿Vas a aplicar los puntos del ejercicio de claridad emocional que planeo en este artículo?
  • ¿Hay algún punto que te cueste más?

Si quieres aprender a cuidarte en tus relaciones y, al mismo tiempo, cuidar tus relaciones, puedo acompañarte en ese proceso en mi consulta online.

¿Te ha resultado útil o interesante este artículo? ¡Cuéntamelo en los comentarios! Te leeré y responderé yo personalmente.

¿Cómo estás?

Soy María

Doctora en psicología y pedagoga terapeuta (col. nº1433 en COPYPCV) especializada en gestión emocional y procesos de superación personal. Compagino mi consulta online con la investigación científica en emociones, ansiedad, bullying y sus secuelas.

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