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Cuida tus emociones, cuida de ti

¿Acaso pido demasiado? Expectativas realistas vs. Poco razonables

Un chico, subido a una escalera mientras un perro le observa, pinta con tiza un muro. El dibujo representa un cohete para ir al espacio.

¡Hola! Hoy respondo en el blog a una pregunta sumamente interesante que me ha planteado @hablemosdetea en Twitter. En concreto, a esta:

«Doctora, desde ese ámbito de qué no todo es perfecto, ¿cómo podemos identificar qué es sanamente negociable en una relación y no estar sobrepasando nuestras expectativas?«

Para atender esta cuestión es importante definir qué entendemos, desde el punto de vista pedagógico y psicológico, por expectativa. Y antes de ello, quisiera hablar de los estándares.

1. Estándares personales: qué son y por qué importan

Los estándares son pautas sobre lo que estamos dispuestas, como personas, a aceptar de los demás en el momento presente. Representan lo que queremos y no queremos en una relación de pareja, amistad o familiar. Es natural que busquemos relaciones armoniosas, donde el sentido del humor, valores y creencias sean similares. O donde la actitud y perspectiva de la vida está en armonía con la nuestra. Esto tiene mucha relación con los límites personales (leer artículo sobre límites personales).

El deseo, o claridad cognitiva y emocional en lo que queremos, está detrás del poder de la proximidad. También del principio de que podemos definirnos, en parte, por las personas de las que elegimos rodearnos. Esto se debe a que las personas, inconscientemente, nos exigimos a nosotras mismas y a los demás estándares más altos si quienes nos rodean también lo hacen.

Soñaremos en grande, trabajaremos más duro y creeremos más profundamente en nosotras mismas. En consecuencia, seremos más capaces de respetar nuestra identidad, necesidades y preferencias, poniendo límites personales adecuados y tomando decisiones de autocuidado.

No tiene nada de malo elevar nuestros estándares; de hecho, aprender a aceptar nada menos que lo que realmente estamos dispuestas a aceptar, en armonía con la persona que somos, es clave para el propio bienestar emocional y social. Conocer, reconocer y respetar los estándares que tenemos nos hace sentir más autorizadas, con mayor permiso, para poner límites, distancia o incluso cortar una relación que no nos hace bien.

Por ejemplo, para mí es un estándar en mis relaciones cercanas la sinceridad. Para mí, esto implica ausencia total de mentira, ambigüedad, incoherencia o imprecisión respecto a la verdad.

Este estándar me permite poner mi límite personal. Lo expreso desde el momento en el que la relación se hace más estrecha y, si no respeta, me respeto a mí misma tomando decisiones de autocuidado al respecto.

Las expectativas, en cambio, no nos cuidan ni cuidan nuestras relaciones. Veamos por qué:

2. Expectativas: idealización inflexible

Una persona puede cumplir nuestros estándares y no nuestras expectativas. Las expectativas sí que pueden suponer un problema personal e interpersonal, es decir, en nuestras relaciones.

Las expectativas se sustentan en la esperanza de que algo suceda. Estas expectativas pueden ser más realistas o menos. Ello depende de si nos estamos basando en lo que ocurre, objetivamente, en el día a día, o si meramente estamos dejándonos llevar por nuestros deseos. Cuando las expectativas se centran en lo que esperamos en el presente, se llaman estándares.

Las expectativas representan nuestros deseos sobre una relación, situación u objeto. Deseos que damos por hecho que “son” la realidad. Si no se basa en algo racional, ni en un estándar o límite personal, sino en un deseo que asumimos como realidad, lo normal es que haya un momento de choque. Así, cuando la realidad contrasta con nuestra idealización sentimos frustración, decepción, tristeza, enfado y otras emociones similares.

A menudo, tendemos a idealizar a personas que tienen un comportamiento ambivalente. Conductas ambiguas y confusas que no terminamos de querer afrontar o aceptar como tal. Dado que el comportamiento ambivalente genera confusión emocional, la idealización reduce la ansiedad al protegernos de los conflictos emocionales que pueden surgir de confrontar estos hechos.

Básicamente, en lugar de lidiar con el temor de que la otra persona no sea perfecta o que la relación no funcione, algo que percibimos como insoportable o imposible, la idealización nos permite mantener intacta la fantasía de la perfección.

Cuanto más alejada está la realidad de aquello que estamos asumiendo como verdad, más estamos idealizando a esa persona, ese contexto o esa cosa. En consecuencia, más dolorosa emocionalmente será cada momento en el que la realidad concreta contraste esas expectativas nuestras.

¿Te identificas?

3. Expectativas: devaluación dicotómica

Llegados al punto anterior, en el que la realidad contrasta significativamente con nuestra idealización, sufrimos. Esto puede llevarnos de idealización a la devaluación, que es la actitud contraria. Es decir, de pensar que es perfecto, a considerar que es imposible, malo malísimo o un desastre sin solución.

Cuando caemos en la devaluación, nos convencemos de que esa relación, proyecto o situación no es importante, no vale la pena. Asumimos que esa persona, cosa o lo que sea es defectuosa o tiene cualidades negativas exageradas que hacen que tenga todo el sentido del mundo una decisión radical.

Esta visión dicotómica genera ansiedad y malestar psicológico, y es importante darnos cuenta de cuándo estamos cayendo en ella para poder corregirla o pedir ayuda para aprender a manejarla.

Si, además, esto se une a una conducta relativa a la dependencia emocional, podemos vernos atrapadas en un cículo vicioso muy dañino. Tal vez las discusiones sean recurrentes, los altibajos, las inseguridades, el malestar… Todo eso, son señales de que algo no anda bien en esa relación.

Con nuestros estándares, las decisiones que tomamos tienen un sentido lógico, racional y pacífico. En cambio, cuando se basa en un proceso de idealización basado en expectativas poco razonables, las decisiones las tomamos desde la herida o el miedo, de forma impulsiva o evitativa y con gran dolor o angustia emocional.

¿Te resuena lo que te estoy contando?

4. Reciprocidad, respeto mutuo y acuerdos

Así, aclarados los términos, podemos responder la pregunta inicial.

Para identificar adecuadamente aquello que es sanamente negociable en una relación necesitamos conocer nuestros estándares y los estándares de la otra persona.

Expresarlos y encontrar el punto de común acuerdo, donde ambas partes ceden y se benefician del mismo.

Las expectativas, en cambio, sería esperar que la otra persona se ajuste a la imagen que tenemos de ella. Eso no implica respeto a sus estándares e individualidad, sino un reproche o imposición por nuestra parte.

La base, siempre, es el respeto mutuo, la reciprocidad en la relación y el acuerdo como intención para enriquecer o fortalecer la relación.

¡Esto es mucha información! No te preocupes, puedes releerla cuanto necesites. ¡Y preguntarme en los comentarios!

Hoy hemos hablado de estándares, expectativas, idealización, devaluación, límites… ¿Algún concepto que te haya llamado más la atención o que no conocieras?

¿Cuál ha sido tu experiencia en relación a todo esto en tus relaciones personales?

¿Has aprendido algo con este artículo?

¡Cuéntame en los comentarios!

 

Con amor,

María
Pedagoga y Doctora en Psicología

¿Cómo estás?

Soy María

Doctora en psicología y pedagoga terapeuta (col. nº1433 en COPYPCV) especializada en gestión emocional y procesos de superación personal. Compagino mi consulta online con la investigación científica en emociones, ansiedad, bullying y sus secuelas.

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