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A veces somos conscientes de que estamos en un trabajo, una relación, o inmersos en un hábito, que no nos hace bien, que nos estanca o incluso nos hace daño. Sabemos que nuestro lugar no está ahí y que lo mejor sería salir, dejar ir aquello que no es, por mucho que nos gustaría que fuera. ¿Un trabajo donde te hacen sentir que no aportas o vales? ¿Una relación donde hay gritos y desprecios? ¿Un hábito poco saludable que no te permite cuidarte?

Aceptar que las cosas no siempre son como nos gustaría y que la decepción también forma parte de la vida no es algo fácil, pero sí necesario. Nuestras expectativas son solo eso, nuestras expectativas, y están en nuestra mente, no en la vida real. Para ello es importante centrarnos en hechos y en los últimos meses, tomar consciencia de cuál es la situación real actual. Si haciendo eso nos reafirmamos en que ese no es nuestro lugar y queremos salir de ahí, aquí van cinco consejos para no recaer:

1) Sé firme en tu decisión

Una de las decisiones más difíciles de tomar y mantener es alejarnos de alguien o algo que ha estado en nuestra vida mucho tiempo. O alguien o algo sobre lo que hemos generado unas expectativas muy elevadas. Para que tu decisión pueda ser más firme, toma nota de los hechos objetivos que te hacen sentir que no perteneces a ese lugar, a esa relación o a ese hábito. Básate en esos hechos objetivos, en su repetición, para tomar tu decisión.

Esto es algo aconsejable porque es natural que nuestros recuerdos nos hagan suavizar agresiones relacionales que no merecemos. Reinterpretamos y justificamos conductas que no están bien y que no queremos, realmente, tolerar. Incluso podemos llegar a normalizar una situación de acoso solo porque pensamos que no es posible algo distinto. Para evitar eso, tomar nota de esos hechos objetivos nos ayudará a ver las cosas de un modo más objetivo.

Procura, además, hacer un plan que te ayude a evitar recaídas. Quizá poner distancia física o emocional, eliminar a alguien de tus redes sociales o despedirte abiertamente, buscar otro trabajo y ponerte una nota en el ordenador para recordarte por qué mereces ese cambio. Hace un tiempo escribí un par de artículos que complementan esta información: la importancia de tomar decisiones conscientes (clic aquí) y cómo evitar los errores más comunes al tomar decisiones (clic aquí).

2) Acepta tus emociones

Es natural que sintamos enfado, tristeza o miedo. Los cambios implican aceptar aquello que no funciona, dejar ir algo hacia lo que sentíamos cierto apego emocional y abrirse a la incertidumbre de experimentar algo nuevo. Tenemos derecho a sentirnos de todas estas maneras, concedámonos eso y sigamos adelante.

Eso sí, si sientes que la gestión de tus emociones se te complica, no te reproches. Pide ayuda a un amigo o amiga, o a un profesional especializado. Lo importante no es hacerlo en solitario, sino aprender. En eso consiste la vida. Si quieres que te acompañe yo en ese proceso, solo tienes que hacer clic aquí.

3) Canaliza tu energía

Es natural que experimentemos un proceso de duelo. Es importante permitirnos todas esas emociones y pensamientos, al mismo tiempo que nos mantenemos firmes en la decisión. En eso consiste la canalización de nuestra energía, en dejarla fluir sin que nos arrastre hacia atrás, en contenerla pero permitirla al mismo tiempo para no estancarnos.

Para ello, procura incorporar hábitos de autocuidado social y emocional, apoyarte en alguien que sabes que te quiere y respeta. También suele ayudar dedicar tiempo a aquello que nos entretiene o nos gusta, como pintar, escribir, hacer deporte…

4) No hay “Y sis

Es natural que el miedo se vuelva un poco en nuestra contra en forma de «y si…» catastróficos. ¿Y si no encuentro otro trabajo? ¿Y si me quedo sola para siempre? ¿Y si no consigo superar mi problema? Es importante no dejar que esos miedos decidan por nosotras. Si hemos decidido alejarnos de ese lugar, persona o hábito es una decisión nuestra, y está bien así.

Ante esos miedos, pregúntate por ese escenario temido. Si no encuentras otro trabajo, ¿qué puedes hacer? Si te quedas sola para siempre, ¿cómo podrías hacerte la vida más amena? Si no consigues superar tu problema en solitario o con el profesional con el que estás… ¿Qué puedes hacer al respecto? Plantéate alternativas, ya sea a solas o con un amigo o amiga en quien confíes.

La realidad no suele ser tan catastrófica como la imaginamos. Recordemos que siempre podemos pedir ayuda, cambiar hábitos y patrones de pensamiento. Incluso podemos cambiar de profesional si donde estamos no terminamos de avanzar suficiente.

Tomaste tu decisión porque no quedaban “y sis” posibles. Y está bien así.

5) Apóyate en quienes te quieren

Cuántas veces nos empeñamos en hacerlo todo en solitario. Como si pedir ayuda fuera un signo de debilidad. Lo cierto es que los seres humanos nacemos con dos características: vulnerables y necesitados de otros seres humanos para sobrevivir. Aceptemos nuestra vulnerabilidad y pidamos ayuda a quien nos respeta y aprecia. Muchas veces, en eso radica nuestra mayor fortaleza.

Por tanto, no temas o te avergüences por pedir o aceptar apoyo de las personas que te quieren, ¿acaso no harías tú lo mismo por ellas? Aparta esos pensamientos de que eres un lastre o que “les vas a amargar el día”, por tú no pensarías eso si te pidieran ayuda. No interpretes lo que puedan pensar otras personas, solo fluye y déjate acompañar en tu proceso de cambio. Ten presente que la carga compartida siempre pesa menos.

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Personalmente, confieso que me costó mucho dejar ir una relación con un familiar. Fueron muchos años de falsa amistad hasta que todo salió a la luz. Traición y acoso como si se tratara de una novela de adolescentes. Me costó aceptar que eso estuviera pasando, pero finalmente, lo conseguí. Conseguí darme cuenta y tomar una decisión respetuosa conmigo misma siguiendo estos mismos consejos. Eso sí, no fue en solitario; me dejé ayudar por otros familiares que sí me quieren y respetan.

¿Y tú? ¿Qué es lo que más te ha costado dejar ir? ¿Te encuentras en algún proceso de cambio de este tipo?

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